Los exjugadores del Real Racing Club afrontan la difícil empresa de recuperar la categoría de plata, esta vez como técnicos

El Real Racing Club de Santander cambió su rumbo hace un año tras la destitución de Paco Fernández, el hombre que ascendió al naviero racinguista a Segunda División. Tras el baile de candidatos, Pedro Munitis abordó el banquillo de El Sardinero. El del Barrio Pesquero dejó el Bansander Juvenil, conjunto militante en la Liga Nacional Cántabra, para entrenar a todo un equipo profesional con el agua al cuello. Una temporada después ya se pueden sacar conclusiones del juego del equipo, su dirección y las expectativas que tienen tanto entrenador como afición de cara a estos meses venideros, que se presumen cruciales para la subsistencia del Racing de Santander.
La vida futbolística en la capital cántabra ha cambiado desde entonces. El Racing se encuentra tercero, pero en el Grupo 1 de Segunda B, a nueve puntos del líder, el Racing de Ferrol. La temporada de los cántabros ha estado marcada por su pésimo inicio liguero, que ha lastrado al equipo hasta ahora. La parroquia verdiblanca espera una reacción en los últimos partidos que posibilite el ascenso a la categoría de plata a través de los play offs. Sin embargo, la fe reside más en sus futbolistas que en el cuerpo técnico, muy criticado a orillas de El Sardinero por la inexperiencia de sus integrantes.
Esta semana se cumple un año de su llegada al banquillo
El Racing ha cursado una ‘pretemporada’ hasta noviembre, según el entrenador Pedro Munitis, «por la falta de acoplamiento al sistema de sus jugadores». Hasta entonces el equipo era una quimera de lo que realmente buscaba el técnico. Errores en la portería, despistes defensivos, transición lenta de balón e irregularidad en ataque, características que condenaron a los cántabros a ver cómo el Racing de Ferrol se escapaba.
Con la llegada del frío, el Racing despertó, y encadenó una racha de seis partidos consecutivos con victoria, algo casi utópico dos meses antes. La mejora se basó en varios aspectos, empezando desde atrás. Munitis alineó al canterano Óscar Santiago, recién llegado del Celta B, que dio un aire renovado a la meta cántabra, desde entonces solo ha perdido en Coruxo. La agilidad, el buen manejo con los pies y unos reflejos felinos son los mejores valedores del arquero santanderino.

Otro de los puntos que ha mejorado la escuadra verdiblanca es la presión defensiva, y en esto tiene gran parte de la culpa el cuerpo técnico, además de la recuperación de su mejor centrocampista y la prolongación del míster en el campo: Borja Granero. Ante la sangría de goles que recibió el Racing en las primeras jornadas, Munitis decidió mantener la línea más atrás, sin obsesionarse por robar el balón y atacar al instante.
El Racing ha aprendido a esperar el ataque del rival con paciencia, a decidir el momento idóneo para presionar la salida del balón, en definitiva, ha madurado defensivamente. Los hechos se traducen en números; el Racing es el tercer equipo menos goleado, con solo tres más que el Logroñés, pese a sus ínfimas actuaciones en las catorce primeras jornadas.
El último apartado clave en el que ha incrementado su eficacia el Racing es la estrategia, tanto defensiva como ofensivamente. El Racing defiende mejor el balón parado pero, sobre todo, crea más peligro en las acciones ensayadas.
El ‘laboratorio’ de Munitis funciona, y está consiguiendo aprovecha la altura y potencia de jugadores como Caneda, Granero o Santamaría, además del exquisito golpeo de Dani Rodríguez desde la frontal, que ya ha marcado un par de goles gracias a la estrategia. Todos estos cambios han propiciado en un equipo mucho más unido y competitivo, capaz de ganar al Racing de Ferrol, en el feudo del Tudelano o empatar en Logroño.
Pese a esta evidente mejoría, el Racing en general, y Munitis en particular, aún tienen en el ‘debe’ varios errores que corregir si quieren lograr el ascenso. En primer lugar, el Racing es un equipo excesivamente irregular y dependiente de sus jugadores estrella. Los cántabros alternan fases de juego vertical y vistoso con otras de nervios e imprecisiones, que le han llevado a empatar cuatro choques consecutivos fuera de casa, dos de ellos ante rivales que se encuentran muy por debajo en la tabla.
Este Racing no sabe matar los partidos, todo el buen trabajo que realizan en una parte, lo tira por la borda en la segunda mitad. La sensación que da el conjunto cántabro es la de un equipo que se ha empezado a construir por el tejado, quizás por la apabullante necesidad de ganar, o tal vez por la inexperiencia de su entrenador.

Lo cierto es que el Racing tiene momentos de fútbol soporífero, incapaz de llegar arriba, y que a la vez son compensados por las genialidades de sus jugadores de arriba: Dioni y Dani Rodríguez, que sacan puntos de debajo de las piedras para los de Santander, muchas veces sin merecerlo.
La figura del entrenador es siempre la primera a la que señala el ‘dedo acusador’, pero en este caso tiene parte de razón. Munitis ha limado muchas asperezas, pero la sensación es que su equipo se tambalea como un flan cuando viaja lejos de El Sardinero, y esto en un play-off puede resultar fatal.
El Racing es competitivo, en parte debido a su mejoría defensiva, sin embargo, Pedro Munitis debe dar un empujón a los suyos para relanzar a un equipo demasiado indeciso fuera de casa. En el fútbol, como en el colegio, las notas se ponen en junio, pero el Racing debe espabilar si quiere pasar de curso y volver a la Segunda División. Munitis debe reflotar un barco tocado, pero que todavía no está hundido.













