Lo que somos, pero lejos (o vivir otro play-off en la distancia)

Publicado el 10 junio 2015 09:00h
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#PorserdeValladolid
#PorserdeValladolid

Si me preguntan qué echo de menos estando fuera, cerraría los ojos y me evadiría pensando en una noche bajocero cualquiera en Zorrilla, escuchando a mi vecino de Preferencia metiéndose con Óscar. Oh, el hogar, el paraíso.

La competición esta ahí, pero para quien entiende el seguimiento al equipo de su ciudad como una rutina definitoria de sí mismo, el triunfo está en el día a día y por encima del champán o las lagrimas.

Lo prueba el tiempo, que barre celebraciones y decepciones, ascensos y descensos; y al final, con todo despejado, lo que queda es lo que importa, lo que somos: un «Pucela» gritado bajito, un saludo al descanso, un abrazo de gol con la mirada al amigo que no puede sentarse en tu fila, un cabreo rico camino de casa. A una goleada del Sporting en Zorrilla se sobrevive pero a perder esas cosas no se aprende.

Esto, que puede tener un aire de inocente romanticismo, pasa la prueba empírica con cualquiera que se aleje de Valladolid en semanas como esta, que salga a la calle consciente de que en Pucela los balcones son de sus colores y en su ciudad de residencia sus vecinos caminan angustiosamente tranquilos por la calle, ajenos a todo. Los muy idiotas.

No ha empezado el partido y la distancia te ha ganado lo que no te quita el tiempo, ni los resultados, ni la Segunda: esa rutina marcada por el Valladolid, eso que eres.

Lo del Martínez Valero en 2011 me pilló viviendo en Bélgica. El #noaflojes me llegaba por la Red, pero Twitter y WhatsApp estaban todavía en pañales, lo que tiene dos caras. Me llegaba menos información y por tanto era menos consciente del ambiente generado en el primer play-off moderno que se disputaba en la ciudad –hablaba con familia y amigos pero la información no es tan directa como ahora, si no que la transmisión es más bien como la de un domingo después de pasar la noche sin salir y que tu amigo te resume con un ‘pse’–, lo cual me evitó seguramente cierta angustia;  sin embargo años después me he dado cuenta del efecto aliviador de conocer a fondo la situación del equipo. Dentro de lo posible, te arrima.

Me llamó Antonio Álvarez, entonces en la SER, para pincharme en antena con Carlos Raúl Martínez en las horas previas al partido y contar como se vivía desde lejos. Como habíamos hecho en el Granada-Celta, nos juntamos varios españoles en casa de un vigués y con 0-1 dije «ya está hecho». Como hicimos todos, no mintáis. Tres goles después sufría la eliminación pero más aún la ausencia de luto. Las eliminaciones hay que enterrarlas en paz y de mala gana o no se superan. Con los tuyos, en tus bares. Rajando bien de todo, como mandan los cánones.

En mayo de 2014 descubrí una aplicación buenísima que te permite buscar en qué pub de Londres echan el partido que quieres ver, porque Londres tiene el sol a préstamo pero también sitios en los que puedes ver en pantalla grande un Valladolid-Granada de la última jornada. Por la mañana, me puse la camiseta del ‘sobrinillo’ (ni olvido ni perdón) y con la excusa de la compra salí por el barrio en busca de interacción. La nostalgia te provoca soñar con un «pero si son unos inútiles» bien soltao. Pero nada.

Javi Guerra
Javi Guerra

El bar donde daban el partido era básicamente un local lleno de pantallas en distintas salas donde emitían de todo. Bajamos y donde yo quería luto tenía aficionados embriagados del Hamburgo celebrando su permanencia.

Y llega ahora otro, que todavía no sabemos qué escena nos ofrecerá y cuyas horas previas apaciguo a base de quemar el WhatsApp con amigos, de artículos de esta web y de un bucle de ese #PorserdeValladolid que nos han regalado –creo que sin ser plenamente conscientes de lo que significa para los que estamos fuera, y cuanto han calcado lo que somos con la letra– entre los Celtas y los colegas de Radio Marca Valladolid.

Y de repente, repasando los últimos fracasos justo antes de otro play-off que viviremos lejos, uno se da cuenta: tampoco la distancia. Los rituales han cambiado, pero cuando pasa el tiempo, que barre celebraciones y decepciones, ascensos y descensos;  al final, con todo despejado, lo que queda es lo que importa, lo que somos: una rutina definitoria, ahora distinta, como emigrados, pero marcada por el Pucela.

 

Nota: Un saludo afectuoso a todos aquellos que vivís el pucelanismo lejos de nuestra ciudad.

Nota 2: A esta hora, la búsqueda por redes sociales de aficionados del Real Valladolid en Londres interesados en ver el partido reunidos ha arrojado un total de cero resultados.

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1 comentario en «Lo que somos, pero lejos (o vivir otro play-off en la distancia)»

  1. Hola, Somos unos Pucelanos en Londres con ganas de ver el partido de hoy. Sabes si hay algun Pub donde lo pongan?? Hay muchas ganas de verlo! 1abrazo! y AUPA PUCELA!!

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