Hay errores y olvidos que cuestan caro, ante los que uno solo puede repetir «cómo puede haberme pasado». Ese tierra trágame lo ha protagonizado, sin ningún tipo de duda, un ladrón ‘olvidadizo’, que fue cazado en Valladolid básicamente por el olvido imperdonable de dejarse el teléfono móvil dentro de un coche al que había entrado a robar. El hecho, inaudito cuando menos, ha sido conocido ahora, aunque sucedió a principios de enero, tal y como han revelado fuentes de la Policía Nacional de Valladolid en las últimas horas; las posteriores a su detención.
Porque no, ni siquiera haber sido tan despistado le ha librado de ser detenido como presunto autor de un delito de robo con fuerza, con la que acometió un vehículo aparcado en la calle para romper la maneta del maletero y entrar al turismo. De él tampoco es que se llevara un gran botín, ya que apenas obtuvo 15 euros en efectivo y un par de gafas -más que suficiente, teniendo en cuenta lo sucedido, para que el delito exista; el simple hecho de haber accedido mediante esa vía al automóvil ya tiene consideración de delito contra el patrimonio-.
Fue entonces, según ha explicado la Policía Nacional de Valladolid, cuando comenzó la investigación, en la que, obviamente, el olvido de su dispositivo móvil dentro del coche forzado ayudó mucho, muchísimo, a que el presunto y olvidadizo autor del robo acabara siendo identificado. Una patrulla de agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado localizó al individuo en la vía pública y lo identificó, procediendo a su detención el pasado jueves por la mañana, como posible autor de dicho robo cometido el pasado mes de enero en Valladolid.
Además de haberse olvidado su SmartPhone dentro del coche al que entró a robar, el ladrón habría ‘olvidado’ también que sobre él pesaban hasta seis antecedentes policiales anteriores a dicha detención, cuando menos rocambolesca, si no, incluso, con un punto cómico, a tenor de lo extraño de lo sucedido. El varón permaneció bajo custodia en la Comisaría Provincial de la Policía Nacional hasta ser puesto a disposición de la autoridad judicial, que decidió dejarlo en libertad (quién sabe si apiadándose del pobre despistado).











