Entre Líneas: Obstáculos y limitaciones ‘de otra Liga’

Publicado el 17 febrero 2014 06:00h
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El Real Valladolid anhelaba un partido lento y sacar rédito de acciones aisladas, pero la tempranera sentencia atlética le cambió el guión, le obligó a proponer y le enfrentó a la realidad de su cada vez más pobre potencial para atacar en posicional

 

Godín || Foto: LFP
Godín || Foto: LFP

Se acabó el partido del Vicente Calderón antes de que diera tiempo a que se midieran Real Valladolid y Atlético de Madrid. Primero el Atleti dejó claro quién ganaría los puntos, y luego transcurrió, solo porque no quedaba otro remedio, un partido de 85 minutos sin ningún tipo de aliciente. Demasiada diferencia entre dos equipos que, como dijo Juan Ignacio, juegan distintas ligas.

Aunque hay varios equipos en la misma Liga que el Pucela, basándonos en un criterio de aspiraciones y objetivos, el abanico se reduce mucho si tenemos en cuenta los recursos de cada conjunto de la Primera División. Las limitaciones volvieron a hacerse patentes en la visita a orillas del Manzanares. Y no precisamente en los goles; el segundo tanto es consecuencia directa de un error individual de Mariño, al que es imposible considerar no válido para esta competición, y los otros dos goles llegaron en acciones a balón parado, que pueden señalarse bien como error defensivo del que encaja o como acierto del que las ejecuta tan bien y tan a menudo como el Atlético.

La estrechez del arsenal blanquivioleta se hizo más patente tras la temprana sentencia. El equipo de Simeone, recién liberado del peso de la racha negativa y con la mirada puesta en Balotelli, relajó la presión, retrasó líneas y descansó. El Valladolid se encontró con el balón y no lo celebró. El contexto le brindó una oportunidad de excusar esos primeros minutos y mostrar sus armas y lo que demostró fue que tiene poco o nada con lo que hacer daño a un candidato al título. Quedó claro cada vez que iniciaba jugada tomando un camino siempre sin salida. El Valladolid con balón y sin Óscar es como uno de esos pasatiempos de laberintos en los que solo hay una escapatoria. Pero en su caso no hay ninguna.

Si jugaba por banda, el balón caminaba de campo a campo paralelo a la cal, lento, sin mover lo más mínimo al rival, con el Atleti tomándose su tiempo para colocarse con comodidad esperando la inevitable pérdida o a que el Valladolid retrasara el balón facilitándole el acercamiento al área de Mariño, donde más a gusto presionan los rojiblancos.

Si intentaba que Rubio y Rossi dirigieran el ataque, el camino parecía más claro, pero la ilusión terminaba con ambos jugando en horizontal o hacia atrás ante la imposibilidad de encontrar un socio por delante en buena situación (Guerra de espaldas vigilado por dos buenos centrales, Omar marcado por su tendencia a perderla y Larsson pidiendo a la espalda de una defensa pegada a su portero. Además, habiendo de por sí poca leña que quemar en ataque, el Pucela no podía asumir más riesgos sin dejar en bandeja la opción de contragolpear a un rival especializado en ese arte.

Así que el Real Valladolid dominó la posesión de forma inocua, esperando a que el partido no le diera más disgustos, sabedor que no iba a llevarse alegrías. Se le vio demasiado consciente de que la misión era imposible. Y no me extraña. A sus dificultades habituales para hacer daño en ataque se sumaba la tremenda solidez atlética, que se vio reforzada con los dos goles, que le permitieron pasar la tarde sin tener que arriesgar un solo hueco.

La envidiable (no ya por el Pucela, si no por varios de los equipos ‘top’ del momento) disciplina defensiva de los Godín y compañía dejó el sábado movimientos de videoteca, con una coordinación difícil de ver. La consistencia de la pareja formada por Suárez y Gabi dejaba a Víctor Pérez y Guerra sin la más mínima opción de recibir entre líneas. En definitiva; todos los obstáculos posibles para un equipo de por sí tieso en la zona caliente. Resultado: cero tiros a puerta incluso con dos delanteros, tras el cambio de Osorio por Omar.

Seguro que en ningún caso fue el partido que se planteaba el equipo pucelano. Aseguró Juan Ignacio que él y sus muchachos habían preparado el choque con ilusión y afirmó además que llevaban jugadas ensayadas. Siguiendo esas palabras la apuesta era la adecuada, la receta de Villarreal anulando lo posible situaciones abiertas de juego y esperando una acción aislada en juego directo para sacar algo positivo. Sucede que este Atleti maneja también estas jugadas y solo necesitó cinco minutos para cambiar el partido completo, impedir ni siquiera la puesta en escena diseñada y, además, entregar el balón al Pucela para su sonrojo.

 Es lo que ocurre cuando enfrentas a un rival que, aun disputando tu misma competición, innegablemente tiene otra categoría. El Valladolid es de otra Liga y le quedan catorce jornadas para demostrar que en la suya es mejor que, al menos, tres equipos. Pero, ¿hay tres equipos con más limitaciones?

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