Entre Líneas: Mucha solidez, insuficiente calidad

Publicado el 3 febrero 2014 00:00h
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Con la confianza que le otorga el buen resultado de su apuesta por la solidez defensiva, el Real Valladolid hizo méritos para ganar, pero no dispuso de la calidad individual para aprovechar su control de la posesión y su facilidad para llegar a zonas de peligro

 

Juan Ignacio || Foto: LFP
Juan Ignacio || Foto: LFP

Afirmó optimista Juan Ignacio en la previa del choque ante el Villarreal que «el enfermo está curado», y se encargó el equipo de dar muestras de ello con aquella victoria que, además de como efecto de curación, llegó con una dosis de moral necesaria. Y con esas se presentó el Real Valladolid en el Coliseum Alfonso Pérez, como recién salido de la UVI, con tantas ganas de fiesta como precauciones.

Precauciones, que no miedos. El Pucela salió con los mismos participantes en medio campo y en ataque que hace unas jornadas contra el Betis (Rubio, Rossi, Pérez, Larsson, Omar y Guerra), pero se mostró mucho más seguro de sí mismo que entonces. Seguro de cada paso y cada pase, de cada movimiento sin balón y cada enfrentamiento en defensa.

Con la confianza del que ha visto funcionar la medicación, el conjunto blanquivioleta mostró de nuevo síntomas de una salud mejor a través de la fórmula que le viene sentando mejor: solidez, solidez y solidez. Portería a cero. No nos golean. Ni perdemos.

Y luego a ver quién nos niega que, con esa tranquilidad, no aprovechemos una contra con la velocidad de Omar y Larsson y lo buen lanzador que es Álvaro Rubio. O que no nos salga la de tirar al sueco hacia dentro continuamente para que mientras le sigue Roberto Lago aparezca Rukavina pisando zonas adelantadas como la temporada pasada. O, si no les pillamos, jugamos en largo, que para eso Guerra las duerme tan bien, Larsson ocupa el sitio del malagueño tan bien y tan rápido y podemos dar salida por ambos perfiles ahora que tenemos un central zurdo. Y así cuando la tengamos Mariño nos ve más lejos.

No es este método la panacea de todos los males que provocaron el colapso. Sí resulta bastante claro que es la mejor forma de camuflarlos, que afecten lo menos posible y den respiro, pero en el sur de Madrid se hizo de nuevo bastante notorio que las carencias individuales son el mayor hándicap de los de JIM en la pelea por la salvación. Sin Óscar temporalmente, sin Ebert (parece que) definitivamente y a la espera de Jeffrén, costó muchísimo aprovechar las situaciones ventajosas en ataque debido al poco desequilibrio de los de arriba.

El peligro llegó con los centros laterales y con las pocas oportunidades de Guerra para girar y mirar a Moyá, o con disparos lejanos de Rossi y Pérez. Pero se echan en falta pases clave en últimos metros y victorias en el mano a mano por parte de Omar o Larsson. Nada. El Getafe estuvo más predispuesto a no tener balón que el Villarreal y así el Valladolid tuvo más posesiones largas y cómodas que ante el ‘submarino’, pero sus ataques estáticos siguen siendo demasiado inocuos.

Cuando Javi Guerra vio la amarilla que le deja fuera de la decisiva batalla contra el Elche, el equipó estornudó. No puede haber mayor amenaza para su bienestar que no contar con él y su creciente influencia en el juego del equipo. Ya no son solo sus goles. Cada vez resulta más importante su labor lejos del área, las posesiones que gana, sus aperturas a banda. En Getafe volvió a moverse mucho en zonas propias del media punta y no fue el único cuyos movimientos acertados aportaron brío al equipo.

Especialmente notable el ya mencionado de Larsson, que pasó más tiempo pisando el centro que en su banda, o la aportación de Víctor cuando cayó a la derecha. También Omar supo alejarse de la cal para ganar amigos en zonas centradas, ya que el control de la posesión avanzada permitió que fueran los laterales los que abrieran el campo.

Probablemente el Real Valladolid mereció más que un empate, pero pudo incluso perder. El dominio sin calidad anotadora te somete a esos riesgos y la igualdad de la Liga hace previsible una segunda vuelta ajustada, en la que solo al final se podrá ver qué tres equipos no han sobrevivido. El Pucela, cuya manta es mas corta que la de muchos otros, sufrirá para no estar entre ellos, pero sus posibilidades de no volver a enfermar aumentan a medida que sigue mejorando su tejido defensivo y a la espera de que aportaciones ofensivas que faltaron en Getafe abriguen al equipo lo suficiente de aquí al final.

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