Carlos Pouso, entrenador de la UD Logroñés, es el segundo visitante que afea el tapiz sobre el cual el Real Valladolid Promesas juega, pendiente y necesitado de renovación desde hace años

Además de aquella que libró con el manido entorno, o como parte de la misma, una de las mayores guerras que Juan Ignacio Martínez se vio obligado a emprender en el año que fue entrenador del Real Valladolid fue sobre el (paupérrimo) estado de las instalaciones de entrenamiento.
Al poco de llegar, el técnico alicantino ‘pidió’ –entrecomillado porque no se concedió fuerza a su voz– que se cambiaran las superficies de los Campos Anexos, reclamo que se entendió como un gasto que no estaba previsto, y no como lo que desde hace años ha debido ser: una inversión.
Sin embargo, el duro invierno provocó que en febrero de 2014 hubiera que realizar el cambio del césped principal, el de hierba natural en el que el primer plantel acostumbra a entrenar. Todo después de un peregrinaje que llevó al equipo a entrenar a Laguna, a Zaratán –sobre todo– o incluso bajo el techo de algún pabellón.
Para entonces, las quejas ya venían siendo reiteradas. No solo con respecto a ese campo, sino también sobre los dos anexos, de césped artificial. De trece y catorce años, acusan el desgaste y han provocado infinidad de quemaduras, ampollas o lesiones de cierto calado, sobre todo musculares, en los últimos tiempos. Obsoleta, la superficie de juego en la que desempeñan su actividad el Real Valladolid Promesas y el resto de equipos de categorías inferiores sigue sufriendo un deterioro cada día más importante, que se hace más palpable en el invierno, con las lluvias y las heladas.
A la actividad propia del club, en los últimos años, ha habido que sumar el incremento del número de equipos, provocado por una mayor actividad de la Fundación –el proyecto Real Valladolid Internacional sigue en pie, aunque ‘durmiente’– y de la Escuela. Pero no solo: a mayores, diferentes ligas de aficionados como la de la Federación de Peñas o la Liga ProAm se han venido o vienen jugando sobre esos campos.

Foto: Rosa M. Martín
Ascenso del Promesas, mismo escenario
Con el ascenso del Promesas a la Segunda División B, hace casi año y medio, se esbozó un nuevo escenario, que no ha quedado en nada más que eso, una mera buena –y lógica– intención que no ha encontrado desarrollo. Lo que ha derivado en diferentes quejas durante la temporada y pico transcurrida en la categoría.
Rubén de la Barrera fue el abanderado de las protestas contra el campo principal de hierba artificial, por aquello de ser quien más lo sufría; en ocasiones no tanto en el fondo como en las formas, como después del partido contra el Sporting de Gijón B. o tras el encuentro ante el Compostela.
Pero no fue el único. Echando un vistazo somero a la hemeroteca, a vuelapluma uno se encuentra con dos casos de entrenadores rivales que también lamentaron jugar en esas condiciones. Fueron Rafa Sáez, técnico del Coruxo —habló de un partido «difícil por los condicionantes del césped»–, y Carlos Pouso, la UD Logroñés –que afirmó que al filial «no le beneficia nada el estado del campo»–.
No obstante, por lo visto ninguno de estos reclamos no se convirtieron en «quejas oficiales», a tenor de lo que Jorge Santiago, director general del Real Valladolid, explicó en febrero de este 2015 a El Norte de Castilla. Algo que, dicho sea de paso, no es óbice para que de una vez por todas se acometa la muy necesaria reforma.
Casualmente, en lo que va de temporada han sido los dos mismos técnicos visitantes quienes han metido el dedo en la llaga de Los Anexos. De nuevo, Rafa Sáez, que volvió a denunciar que «el campo dificulta que el juego sea lucido». Y, como el pasado curso, este pasado fin de semana, Carlos Pouso, cuyo corte se adjunta debajo de estas líneas.
Planes parados

En noviembre de 2014, El Norte de Castilla publicaba que el Real Valladolid «confiaba en alcanzar un acuerdo con la Diputación para cambiar el césped de Los Anexos». En virtud del convenio que firmaría la entidad blanquivioleta con el ente provincial, este daría 140.000 euros en dos años por una subvención que correspondería a cuatro, con el fin de que esa renovación se llevara a cambio y con diferentes acciones de cariz social como contraprestación.
En febrero de 2015, el mismo periódico se hizo eco de que el Pleno de la Diputación provincial aprobó el citado convenio de colaboración «para la promoción y difusión del fútbol y la organización de actividades conjuntas durante los próximos cuatro años». Siempre remontándonos a esas informaciones publicadas por el periódico decano de la prensa española, el Real Valladolid solo tenía «pendiente la decisión sobre la forma de financiación con la empresa adjudicataria del proyecto para iniciar las obras de mejora». Una decisión que, a tenor de los hechos, o de su ausencia, ha sido aplazada sine die.
O por lo menos no se ha hecho pública. Ciertamente, no existe la obligación de notificar todos y cada uno de los movimientos que el club lleva a cabo, pero llama la atención que en febrero se hablara de la posibilidad de que la reforma comenzase en marzo y, bien entrado noviembre, no se haya realizado.
Este portal, en continuo contacto con clubes de base con unos problemas semejantes, no es ajeno a una cuestión: que los citados cambios, necesarios, cuestan más de los 140.000 euros que en principio el Real Valladolid recibirá de la Diputación. Sin embargo, y a pesar de la delicada situación económica que el club de la Avenida Mundial 82 atraviesa, no es menos cierto que es quien más facilidad tiene para acceder a fuentes de ingreso que complementen el dinero necesario para acometer tales acciones.
Lo importante, como se suele escuchar en Los Anexos, es que la pelotita entre, y para que esto suceda es necesario realizar un gasto generoso en contratar o mantener a aquellos que deben empujarla. Sin embargo, según publicó El Diario de Valladolid en abril de este mismo año, la inyección que recibe el Pucela por parte del Ayuntamiento de Valladolid asciende a 943.000€, «la suma de las cantidades que no recibió en los ejercicios correspondientes a 2012, 2013 y 2014 al estar en concurso de acreedores».
Con todo, aun recordando el proceso concursal y el calendario de pagos, y aun cuando en la actualidad el equipo está en Segunda División y los ingresos son menores, solo con los que proceden de estamentos públicos se podría afrontar el cambio del césped de los dos campos de hierba artificial de Los Anexos, pues, probablemente, no hay nada más cercano al servicio público efectivo, en la actividad del Real Valladolid, que sus categorías inferiores, perjudicadas diariamente por el inmovilismo reinante.







