Con goles hay paraíso

Publicado el 4 octubre 2017 04:00h
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José Ignacio García estuvo con dos amigas después del Real Valladolid – Córdoba. Y todo esto le contaron

 

He quedado con dos amigas a las afueras de Valladolid. Frente a mí se alzan acantilados de cristal y hormigón, que me indican que cada vez estoy más cerca de mi destino. Voy avisado y sin prisas. Una está en el estadio, presenciando el partido entre el Pucela y el Córdoba, y la otra me espera viéndolo por la tele en uno de esos bares modernos que proliferan alrededor de la sede de la federación de fútbol, y cuyo nombre es tan indescifrable como una clave secreta.

Antoñito
Antoñito

Mis amigas se llaman Sole y Estrella. Las conocí a finales del siglo pasado en la tribuna B del estadio, cuando yo aún era socio y ellas unas pioneras en eso de hacerse hueco en un espectáculo que, como rezaba el anuncio de un brandy de la época, todavía era cosa de hombres. oólo coincidimos una temporada como abonados. Yo deserté cuando el Valladolid vendió su producto a las televisiones, y ellas se mantuvieron fieles a su cita con las gradas del estadio. No obstante, nuestra relación se afianzó más allá de lo meramente futbolístico y quedábamos con frecuencia para salir a cenar, bailar y tomar copas, o para coger el coche e irnos a hacer turismo de ese que te permite ir y volver en el día o –a lo sumo– en el fin de semana, si no había partido en Zorrilla. Nuestra amistad nunca buscó el contacto corporal más íntimo que el que podían provocar un pasodoble o una rumba, ni se mezcló con otros sentimientos que pudieran ponerla en peligro. Y quizás por eso se mantuvo firme, aunque desde entonces ha habido momentos de proximidad y otros de más alejamiento, especialmente cuando cada cual se ha enfrascado en experiencias y relaciones amorosas con otras personas que, en los tres casos, antes o después, siempre han acabado anotadas en el cuaderno triste de los desengaños.

Ahora no necesitamos de terceros para distanciar nuestros encuentros. Nuestras propias obligaciones particulares se bastan para impedir que nos veamos con cierta frecuencia. Sé que ellas sí coinciden más, aunque Estrella esta temporada no se ha sacado el carné de socia; pero yo suelo estar embarcado en mil proyectos a la vez, con la esperanza de que alguno de ellos me devuelva a los mares de la prosperidad.

Oh, Estrella que guías mi destino, qué guapa estás, le he dicho cuando por fin he dado con el bar de nombre indescifrable. Qué bobo eres y qué zalamero, me ha contestado, aunque en el fondo creo que se ha sentido halagada. En la televisión hay anuncios, consulto el reloj, el partido del Pucela debe estar en el descanso. Como si me estuviera leyendo el pensamiento, Estrella me anuncia pletórica: vamos ganando tres a cero, Salvador, Plano y Mata. No tenía ni idea del resultado; durante el viaje he recorrido el dial buscando una emisora que no hablara de ese problema que pretende desgarrar las geografías y los corazones de España y de los españoles, y al final he acabado escuchando un cedé de los Jimeno’s Band, que hacen unas canciones con letras canallas y divertidas que me sirven de grúa cuando tengo la moral por los suelos.

Estrella es como un alud de simpatía, es parlanchina, salta de un tema a otro y capitaliza la conversación. Cuando queremos darnos cuenta el partido se ha reanudado y es el Córdoba el que lleva una voz cantante que no suena ni a fandango ni a bulería. Esto no tiene nada que ver con la primera parte, me aclara aun así Estrella, menudo baño les hemos dado, el equipo juega de memoria, es intenso y solidario, y solo tiene la portería rival como objetivo. Iban Salvador parece otro, y Mata ya lleva seis goles, más de los que marcó en toda la temporada pasada. Pero parece que han salido dormidos del vestuario, a ver si se espabilan, concluye enfadada.

A la larga, la segunda parte es la crónica de una batalla sin historia, una taza de café sin cafeína. Un desajuste de Antoñito en la marca –el mejor escribiente echa un borrón– propicia instantes de esperanza para los andaluces, pero la expulsión de uno de sus centrales, y el gol de un Luismi imperial sentencian un partido al que le habrían sobrado los últimos treinta minutos de no ser por los detalles de Toni, la verticalidad chispeante de Giannotas y dos pinceladas de clase de Masip en el añadido, primero con un palmeo de balón que se convierte en un pase de categoría y a continuación con una buena parada que, de entrar en la portería, habría maquillado injustamente el resultado definitivo.

Mientras esperamos a Sole, aprovechamos para charlar de otros temas. Ambos sabemos que nuestra amiga es forofa hasta la médula y que cuando llegue solo hablará ella, y de fútbol. Hasta duermes con las bragas blancas y violetas puestas, le ha dicho Estrella más de una vez delante de mí, y ella le ha contestado indefectiblemente: palurda, yo para dormir no me pongo bragas.

No me equivoco. Casi una hora después, Sole irrumpe eufórica en el bar, embutida en una camiseta del Pucela que le queda un poco más justa que la última vez que se la vi puesta, y con la bufanda a modo de estola. Oh, Sole mío, la saludo. Oh, caro amico, replica mientras nos abrazamos, siguiendo una broma que se nos ocurrió cuando abortamos unas vacaciones a Italia, porque ella se enamoró de un truhán que, a la corta, le robó el corazón, uno de mis libros dedicado y parte de sus ahorros.

Sole nos hace su crónica particular. La goleada de escándalo que se podría haber llevado el Córdoba si el Pucela hubiera tenido más puntería. El buen juego de todo el equipo. Solo cuando se serena un poco y pierde gas, me mira y me dice: me he pasado todo el partido pensando en ti. Pues no sabes cuánto me alegro, replico, me encanta capitalizar los pensamientos de una chica guapa. Adulador, sabes que conmigo no tienes nada que hacer, no me acuesto con mis amigos ni me gustan los tíos gordos, y tú cada vez te pareces más a una ballena sin aletas, me reprocha. Gracias, yo también te quiero, concluyo el cruce de piropos a nuestra manera.

Sole se ha acordado de mí porque me pasé el año pasado cargando contra el abuelo batallitas que entrenaba y encabronaba al Valladolid y a sus seguidores. Según ella, el tiempo me ha dado la razón. Mata asiste y mete goles si juega de nueve; Luismi demostró la temporada pasada en el Nástic su calidad en la segunda vuelta y ayudó a salvar al equipo; el rombo herreriano era una castaña pilonga… Y además he clavado el vaticinio de mi última reseña en Blanquivioletas: goleada, liderato y otra vez con goles hay paraíso.

Hace una pausa en su enardecido monólogo y fija su atención en Estrella, que escucha sin atreverse a terciar en la conversación. Ay monina, lo que te estás perdiendo esta temporada, le pone los dientes largos, ya te avisé de que Luis César era un gran entrenador e iba a dar espectáculo a lo grande. No sé si subiremos, pero lo que estamos disfrutando no nos lo quita nadie.

Estrella asiente con la cabeza y acierta a aducir que, por poner una pega, da pena ver el desolador aspecto de las gradas casi vacías, que se arrepiente de no haberse hecho socia, que si ahora el club abriera una nueva campaña de captación de abonados, seguro que muchos volverían a Zorrilla. Yo escucho y callo, pero no lo tengo tan claro, se acerca el invierno, el frío, la niebla, la incertidumbre de si el equipo mantendrá esta línea de juego y resultados. Y pienso en cuántos aficionados habrá que calentitos, con su cubata y sus patatas fritas al lado del sofá piensen que el auténtico paraíso se disfruta más viendo cómodamente, y casi gratis, las goleadas blanquivioletas delante del televisor.

Pero ese debate, si acaso, Sole, Estrella y yo lo afrontaremos otro día que quedemos para tomar algo.

José Ignacio García

Escritor y columnista.

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3 comentarios en «Con goles hay paraíso»

  1. Buenas, no me parece raro que tus amigas esten ilusionadas (como lo estamos todos). Aunque el equipo tenga malas tardes, vamos a todos los partidos a tope de competitividad, buena preparación física, y suficiencia en la táctica y en la técnica individual para la liga 123. (Jose Arnaiz no sé si sería titular en este equipo)
    En cuanto a que tú y tus amigas os ibais de viaje de fines de semana, es el mejor antidoto (por no decir la solución) para no desgarrar los corazones de los Españoles (como comentas). Si todos viajasemos a Cataluña, veriamos que el 99’9 % de la gente es normal, y si todos los catalanes viajasen por es resto de España verian que el 99’9 % de la gente que aquí vivimos somos normales y creeme eso mola. Nos vemos

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  2. Efectivanente, con goles hay paraiso. Y para ir de fiesta, nos apuntamos todos. Ahora toca alegria y diversion. Pinta bien el planteamiento del equipo este año. Muy serio.
    Muy buen cambio amigo escritor del tono novelistico de la anterior entrada a la rumba que salpica esta.

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  3. Me encantó tu plan, pero estaba tan pendiente de tus amigas que no me he enterado de nada del partido, por fa, pásame los telefonos por si no puedes quedar para el próximo

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