
Esto de no tener ni idea de fútbol a veces resulta un problema. O, cuando menos, me causa más de una confusión. Aunque tampoco se puede descartar que sean las fiestas de septiembre, que se prodigan por doquier, las que hagan que me esté volviendo loco, poco a poco, poco a poco, de querer bailar todas las noches.
El caso es que el sábado quedo en Valladolid para ir de casetas con un par de amigos, forofos del Pucela hasta la médula. Lo hago con el corazón partido, porque yo vivo cantando en Medina del Campo, donde están festejando a San Antolín de lo lindo, encierro tras encierro, y bailando rocanrrol en la plaza del pueblo.
Jon Ander, que aunque tenga el nombre vasco nació en el barrio de La Victoria y es más de aquí que el conde Ansúrez y los Celtas Cortos, está que trina: joder con Raúl de Tomás, que si no jugaba en Primera sólo lo haría en el Valladolid, que sin ti no soy nada, y va el muy tal y se va al Rayo Vallecano. Yo trato de convencerlo de que las palabras apresuradas son como cien gaviotas que se van volando, y él me replica, que cuéntame un cuento, pero que sin el engominado delantero madrileño el equipo no es lo mismo.
Esta noche te voy a escribir la canción más bonita del mundo, le digo, pensando en el concierto de la Plaza Mayor y en que el Valladolid va a ganar fácil al Tenerife. Yo, a priori, soy siempre así de optimista. Y de ignorante. Porque no sabía que los de Martí iban líderes invictos e imbatidos y que no jugaban con el Pucela hasta el domingo. Pero al final llegaría Isco y, al calor del amor en un bar, nos regalaría una noche de bohemia y de ilusión, para arreglar un poco mi despiste.
Pero Jon Ander, la la la. Que el Pucela necesita un héroe de leyenda, y van y nos venden a Jose, y nos traen a Ortuño, que está aburrido de esperar si le tramitan la ficha o no, para convertirse en un talismán que nos alegre el final del verano.
Javi, que es más echado para adelante, quizás porque se crió en San Pedro Regalado, y eso imprime carácter, dice que hay que vivir sin miedo a nada, que a quién le importa De Tomás, si al que Miguel Ángel Gómez quería de verdad era a Ortuño para tocar el cielo. Aunque ahora haya que esperar, no se sabe hasta cuando, para entonar la canción de la alegría con respecto a su fichaje. Y yo, que soy un corazón tendido al sol, y que me he puesto la camisa negra, sin reparar en que vuelve a calentar de lo lindo, les digo que hay que vestirse de color esperanza, y avanzar despacito para que todo vaya mucho mejor. Pero Jon Ander que depende, y yo que de qué depende, que el triunfo en Sevilla ha sido como un rayo de sol, y que el domingo –ya me he aclarado con las fechas y el calendario– la defensa chicharrera nos va a implorar que necesita respirar y descubrir el aire fresco, porque la presión agobiante de los arietes locales la está asfixiando. Dicho y hecho, mientras escucho y veo en Medina a los ídem Azahara, me entero por Internet del convincente triunfo del Pucela, que bueno que bueno, y de que Masip ha echado el candado a su portería, y de que le han anulado un gol legal a Mata, con lo caros que están los goles. Y empiezo a pensar que los chicos de Sampedro me están atrapando otra vez, y que su juego empieza a ser tan coreado en la grada como una canción del verano.
Me guasapeo con Javi y con Jon Ander. Vivir así es morir de amor por estos colores, dice Javi, y añade con sorna, que qué pena le da que se le ha muerto el canario. Y Jon Ander (quizás por hacer apología de su barrio) que no cante victoria tan pronto, que luego siempre se repite la misma historia, y llegan los malos tiempos para la lírica y para el fútbol. Y así, entre polémicas y disputas, nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres, y nos hubieran dado diecinueve días y quinientas noches, de no ser porque era domingo, y el lunes ellos tenían que trabajar sin derecho a decir eso de hoy no me puedo levantar, y yo, caminante que hace camino al andar, me tenía que ir con la música a otra parte. Quizás a seguir la fiesta o tal vez a ver al que tramita las fichas en la Federación, para decirle que abrevie lo de Ortuño, que mi amigo Jon Ander necesita un talismán, y la afición quiere tener su presencia; porque el culebrón de su cesión, traspaso o lo que sea, no puede ser la canción de nunca acabar.














Bueno que crónica más entretenida del Pucela con música, amigos y Medina (del Campo)que tenemos también la de Rioseco. A ver J.Ignacio si salimos a escrito por victoria.
Tu cronica de esta semana te ha salido marchosa y divertida. Ojala mantenga este buen ritmo nuestro Pucela.
Felicidades artista!
Y nos dieron las diez y las once. Las doce y la una,y las dos y las tres. Y desnudos al anochecer nos encontró la luna…