A bombo y platazo

Publicado el 22 septiembre 2017 14:00h
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Pues sí, al final José Ignacio García se llevó a León al cliente sempiterno de su amigo Rolo. Así le fue con él…

 

Moyano
Moyano || Foto: Cultural Leonesa

Mi amigo Rolo me lanza una mirada escrutadora desde el otro lado de la barra. Mala cara traes pichón, me dice con el tono neutro de siempre, y eso que ganasteis cero a cuatro anoche, dónde acabaríais celebrándolo. No espera mi respuesta, entra en la cocina, supongo que para pedirle a Reme –su mujer, su cocinera, el arco iris de su vida– que me prepare la reglamentaria tostada de cada día. Ese chuletón de pan con aceite (y sin tomate, porque me da alergia), y el café bien cargado, denso y aromático, que Rolo escancia como nadie me dan la energía necesaria para sacar adelante cada jornada.

Qué tal se portó, me pregunta Rolo, mientras coloca frente a mí el vaso de duralex repleto de humeante café con leche. Hace mucho tiempo que nos conocemos, y con frecuencia a Rolo y a mí, que llevamos muchas partidas de mus de compañeros a las espaldas, nos basta con una mirada para entendernos. Por eso sé que se refiere a su cliente sempiterno, ese que decidí llevarme conmigo para que me diera conversación y me ayudara a espantar los fantasmas del sueño durante el viaje de vuelta.

Frunzo el ceño y tuerzo el gesto. Rolo comprende y no insiste, se gira y dedica su atención a sacar brillo a una cristalería que no puede estar más reluciente. Doy un sorbo precavido al café, que está abrasando como siempre. El café y los platos de cuchara hay que servirlos ardiendo para que estén buenos, me ha repetido mi amigo más de un millón de veces; y que me haya escaldado la lengua en más de una ocasión me ha enseñado a adquirir cierta cautela a la hora de empezar a tomarlo. Esa misma cautela que emplearé en lo sucesivo antes de invitar a viajar conmigo a un extraño.

Y eso que el viaje de ida no fue malo. El cliente sempiterno no paró de hablar de la plantilla pucelana, y su radiografía no pudo ser más acertada unas horas después. Me habló de Luis César, de su inteligencia táctica, de su psicología con los jugadores, de la presión alta que su equipo lleva a cabo. Esta tarde el Pucela vuelve a meterle otro póquer de goles a la Cultu, me soltó de repente, y se quedó tan tranquilo. Luego me habló de lo que le chocaba que los periódicos no se pusieran de acuerdo con las alineaciones ni las convocatorias. Uno pone a Suleimán de titular, y otro no lo da ni convocado, manda narices, me espeta. Y añade, como si estuviera recitando una oración: he visto entrenar al equipo, y van a jugar Becerra, Moyano, Calero, Suly, Ángel, Toni, Cotán, Anuar, Sergio Marcos, Giannotas y Villalibre. Repaso mentalmente la presunta alineación. No hay ni un titular en ella. Se lo digo. Para Sampedro todos sus jugadores son titulares, tiene a todos enchufados y son una piña, sentencia. Pues dice la prensa que Moyano… Eso son pamplinas, me interrumpe, sin dejarme continuar, el capi está tan implicado como el que más, y haciendo vestuario como ninguno. Como ni sé ni entiendo ni subo nunca a Los Anexos a ver entrenar al equipo, como hace él, no le rebato. Solo me preocupan Becerra y Toni, confiesa, el chaval porque le puede agobiar la presión de volver al estadio donde maduró la temporada pasada, e Isaac porque no sale de la portería ni aunque trate de desalojarlo un comando antidisturbios. Pues los demás no juegan mucho, acierto a terciar. No importa, replica, vas a ver, el griego es una bala y vive con el gol metido en la cabeza, Anuar es un fenómeno incomprendido, Villalibre se parte la cara con las defensas rivales, Calero es la elegancia y la solvencia convertidas en central. Y quién más va a jugar atrás, le pregunto al ver que no están Guitián, Olivas o Deivid en la alineación. Ahí Luis César va a poner a Suly, asegura, en el juego aéreo  es un titán; y a ver si se espabila el andaluz y nos da una buena tarde, que me parece a mí que le gusta mucho emular a Morante. Por descarte entiendo que habla de Cotán, que vino del Sevilla, pero que no encuentra hueco en la medular con el pletórico inicio de campaña que están haciendo Borja y Luismi.

Así llegamos a León sin enterarnos del viaje, y una vez más nos dimos un capricho gastronómico en la Plaza de las Palomas a cuenta de Fernando Chamorro, y tras una agradable y larga sobremesa con apuestas cruzadas, que obligarán a mi editor a pagar en breve otra comida, nos fuimos para el estadio. Si bien debo decir que, a esas alturas, el cliente sempiterno de Rolo ya había dado buena cuenta de una botella de prieto picudo, de la mitad de mi lengua estofada, que quiso catar para comprobar si estaba tan rica como su bacalao al horno, y de la frasca de orujo que Arturo, el propietario del restaurante, nos colocó sobre la mesa para que acompañara a los cafés y la tertulia. Y no es costumbre, dada la hora del partido, llevar merienda al campo, le preguntó cuando levantábamos la sesión a Fernando, sin que yo pudiera evitar sonrojarme por su insaciable descaro. De eso se encarga mi amigo Jose Praviano, zanjó enigmático mi editor la conversación.

Huelga decir que el cliente sempiterno clavó la alineación. Omitió eso sí, que Sampedro arrancó el partido con una zaga de tres centrales y dos carrileros que era una clara declaración de intenciones ofensivas. El ambiente en las gradas volvía a ser espléndido. Pucelano el que no vote, coreaba la afición, y Cultu, alé alé, enarbolando las bufandas. Pero sus cánticos anoche de poco revulsivo sirvieron. La Cultu se dejó las ganas de pelear la eliminatoria en el vestuario. Becerra sólo se ganó el sueldo pasada la hora de partido, con una doble parada que arrancó exclamaciones de desesperación en el graderío, Calero y Suly eran expeditivos e infranqueables por arriba y por abajo, Giannotas era un estilete letal, Anuar dirigía la orquesta con primor, Cotán dio la talla mientras aguantó en el campo. Villalibre no se cansó de correr y de presionar, y aún así tuvo fuelle para hacer que se cumpliera el pronóstico de mi acompañante, anotando el cuarto tanto de una goleada que pudo ser escandalosa si Giannotas no falla un penalti, y Mayoral hubiera cazado un balón claro cuando el partido agonizaba.

A estas alturas, y llegado el momento de que sea un servidor quien remate su crónica, se preguntarán por qué la he titulado así. La respuesta es bien sencilla: Praviano, como mi editor había avisado, nos regaló una merienda suculenta a base de empanadas, buen vino y mejor licor de café, amenizada además a nuestra espalda por dos aficionados locales que aporrearon durante todo el partido sus bombos con un afán infatigable. El único inconveniente radicaba en que las empanadas llevaban tomate y que yo tenía que ponerme enseguida al volante. Pero ya se encargó el cliente sempiterno de mostrarse solidario y de comer y beber por él, por mí y por todos nuestros compañeros. Habéis organizado el partido a bombo y platillo, dijo mientras masticaba con ganas un bocado de empanada de atún, y Praviano, que es un paisano recio e ingenioso, le espetó a bocajarro: a ti más bien parece que te la hemos organizado a bombo y platazo, porque no callas ni cuando comes.

La merecida andanada encajada por mi acompañante y la holgada clasificación del Pucela para la siguiente ronda de la Copa del Rey me hubieran hecho afrontar con buen humor el viaje de regreso, de no ser porque nada más sentarse en el asiento del copiloto el cliente sempiterno del bar de Rolo buscó una postura cómoda y se quedó dormido como un niño durante todo el trayecto, con lo que tiene de contagioso el sueño nocturno a bordo de un automóvil.

Les confieso que su relajada actitud despertó mis instintos homicidas. Pero soy tan pacífico que no sería capaz ni de matar a la mosca que no ha dejado de revolotear a mi alrededor mientras escribía esta crónica de una victoria anunciada.

José Ignacio García

Escritor y columnista.

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3 comentarios en «A bombo y platazo»

  1. No hay como viajar y ver partidos en buena compañía, menos mal que gano el Pucela, sino, ¡menuda nochecita! Velada musical impresionante; el primer movimiento de bombo y la segunda parte de rugidos

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  2. Gracias maestro por regalarnos una segunda cronica esta semana. Todos tus lectores la esperabamos con ganas. Menudo fenomeno el cliente sempiterno de Rolo. Deseamos que clave su pronostico de que nuestro equipo asciende este año.
    Buena cronica Jose Ignacio y feliz desenlace. No deja de sorprenderme el tema del tomate…

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  3. ¡Huy, pues yo daría cualquier cosa con tal de tener copilotos que no hablasen mientras conduzco!

    El 0-4 es un magnífico resultado, pero no hay que esperar que el Pucela marque un carro de goles en cada partido. Parece ser simplemente que ha cogido bien la medida a la Cultural, pero hay aún 20 rivales diferentes más en Segunda (y algún puñado más, esperemos, en la Copa).

    ¡Saludos!

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