Parece sensato creer que al Real Valladolid le hace falta gol. Desde el comienzo de la temporada, parece clave potenciar esa faceta. Y lo cierto es que la entrada de nuevas piezas y la creciente necesidad de asegurar antes que nada la permanencia, parece que motiva al equipo a dar carpetazo a la idea de revolucionar la pizarra y empezar a jugar sobre seguro. Esta realidad es una situación calcada a la que ha vivido un Promesas que ha logrado, en tres partidos, cambiar el estado de ánimo del equipo y, ante todo, ganarse un tiempo de calma para construir. Y todo se lo deben a la adaptación.
Javi Baraja leyó bien la plantilla antes de enero. Lo hizo con la fe de sacar algo positivo a través de algunos perfiles que podían potenciarse si sacrificaba un dibujo que para él era casi dogma. De hecho, siempre viajaba al 1-4-4-2 cuando las cosas no iban bien y necesitaba cargar el área. El viaje del 1-4-3-3 e incluso desde un 1-4-2-3-1 siempre dejó cosas a deber. Faltaba fútbol, faltaba ritmo y faltaba una estructura colectiva que dejara clara la idea del equipo. A eso, se le sumaba la mentalidad. Jugadores muy jóvenes que no sabían reponerse de los golpes y se venían abajo fácil. ¿Les suena?
El espejo del Promesas es tal cual la devolución del reflejo del primer equipo. La diferencia, que es amplia, versa sobre la competitividad y la realidad compleja de batirse el cobre ante 15000 personas cada quince días. Una presión que, incluso en Los Anexos, los cachorros también vivieron en sus propias carnes ante una cantidad de gente mucho menor. Esa capacidad para salir del pozo se puede aplicar, quizá, a la realidad de un primer equipo en el que la llegada de Fran Escribá parece poner un punto más para confiar en la apuesta del primer equipo, también, al 1-4-4-2 que le ha funcionado a Baraja.
Un 1-4-4-2 tramposo
No soy un gran amigo del 1-4-4-2. Idealmente, prefiero otros dibujos que den más acomodo a jugadores que tengan esa capacidad para construir y presentarse entre líneas. Una realidad compleja en un Real Valladolid que hoy no tiene esa clase de jugadores. Escalonar el juego y «crear» esas alturas facilita, sobre el papel, que el rol de los jugadores más creativos queden protegidos por el dibujo y, a la larga, por el sistema. El sistema es a la idea una parte clave para entender cómo se acoplan a los mejores dentro de ella. En ese sentido, el 1-4-4-2 ahora parece más acorde para eso precisamente.

Sobre todo, con respecto al primer objetivo lógico, que es dejar de recibir goles o reducirlo a la mínima expresión. Eso lo permiten dos cosas con esta plantilla: líneas juntas, presión activa y, sobre todo, una altura que permita al equipo no sufrir atrás. No se tienen demasiados defensas centrales que no sufran en bloque bajo, por lo que es algo a tener muy en cuenta. En ese plano, la idea más sensata parece «proteger» a tus mejores defensas (para mí, Torres y Tomeo), en una línea de cuatro tramposa, con un lateral diestro largo (luego veremos la intención) y un lateral zurdo más tendente a las ayudas defensivas.
Esa asimetría se va a comprender rápido con una línea de cuatro posterior en la que Chuki deja de ser segundo delantero (le falta mucho para serlo) y pasa a la banda diestra, con capacidad para jugar a banda cambiada, encontrar espacios por dentro y tener libertad de movimiento entre líneas, tras los delanteros. Una zona más cercana a la mediapunta, pero con intenciones claras con y sin balón que el canterano deberá integrar en su juego para no sufrir de más, dejando carril al lateral (sea Iván Alejo o Michelin).
En banda contraria, puesto que el lateral será menos profundo, la idea sería jugar con un extremo a banda natural que pueda progresar en altura, buscando línea de fondo. Esa intención busca generar una sensación de cubrir diferentes vías, pudiendo acomodar dos extremos con uno de ellos mentiroso que pueda vivir por dentro y un lateral que se incorpore en ataque. De esa forma, extremo zurdo y lateral diestro podrían buscar centros al área en banda natural y, sobre todo, se garantiza ese juego interior por delante del doble pivote que parece innegociable en la idea de Escribá.

La búsqueda de ese doble pivote, en ese sentido, parece ir destinada a encontrar un perfil destructivo y otro más organizativo/creativo. Sean Juric, Alani o Maroto + Ponceau, Lachuer o Meseguer, la performance parece pedir esa doble intención en la base, relacionándose con las bandas, surtiendo a Chuki, cuidando la fase sin balón y, sobre todo, midiendo bien esa separación entre líneas. En ese perfil creativo, es donde más tiene que acertar el equipo, siendo, sin duda, la mejor opción un Mathis Lachuer que sabemos que tiene un fútbol que, ni por asomo, ha enseñado con la camiseta blanquivioleta.
La gran duda de los dos delanteros
Con la delantera pasa algo curioso. Soy el primero que piensa que poner dos delanteros no garantiza más goles. Es algo que incluso he contado en este mismo espacio. Pero, desde enero, esta situación cambia. Primero, porque hoy ya no tienes todos tus delanteros con un mismo perfil. Noah Ohio, más al espacio; Juanmi Latasa, referencial; Marcos André, mixto; y Vegard Erlien, combinativo. En esa organización, parece necesario encontrar una vía de doble delantero que encaje bien a la hora de mezclarlos buscando el éxito, primero para potenciar el ataque y, segundo, por la necesidad de potenciar los perfiles atacantes que ya tienes.
Para lo que necesita este Pucela, la lógica me dice que el Latasa + Erlien puede ser interesante, por encontrar equilibrio en las debilidades y en las virtudes del uno y del otro, sobre todo sabiendo la falta de un perfil más referencial con mayor velocidad como podría ser Ohio, aún renqueante de la lesión que le ha recibido poco después de su llegada al Real Valladolid. Una posible vía para entender mejor el ataque y darle dos opciones clave a tus jugadores creativos: referencia o asociación en el área sabiendo que, de momento, el juego al espacio parece complejo.
Esta es, sin duda, otra de las razones por las cuales el Promesas parece un buen espejo en el que mirarse. Baraja ha leído el perfil referencial de un jugador como Brain para potenciar el gol, pero, sobre todo, a su actual máximo goleador, que es Carvajal. Dos jugadores que juntos se potencian y se crecen. ¿Podrían jugar solos? Sí, pero no son lo mismo. Eso ha cambiado la cara al Promesas, pero no lo ha hecho solo la inclusión del nuevo delantero, sino que ha sido el fruto de una lectura inteligente de los perfiles existentes y de cómo esos jugadores podían potenciarse a través de un dibujo y sirviendo al sistema de Javi Baraja.










