Villardefrades, tierra de castigos y de ‘La Obra’ que se quedó por terminar

Publicado el 1 febrero 2026 12:00h
Síguenos
Villardefrades

Villardefrades, pequeño municipio de Valladolid con apenas 145 vecinos censados, ha sido con frecuencia tierra de castigos. Antes de que el éxodo a las ciudades mermara su población durante el siglo XX, sus antepasados ya los experimentaron; lidiaron a menudo con la testarudez de la historia o de algún que otro noble que decidió ir contra la antaño conocida como Villa de los Frailes y contra sus gentes por un quítame de allá estos desaires. Así lo hizo, por ejemplo, Fernando III en 1230, enfadado por no haber sido recibido a la altura que merecía.

Aunque le apodaran ‘El Santo’, no mostró clemencia el rey con Villardefrades; pasó por allí, no se sintió querido y mandó echar sal en sus campos, lo que de algún modo fue una pena de hambruna. Aunque hay textos que ponen en duda lo acontecido, dice la leyenda que, como él, tiempo más tarde el Cardenal Cisneros también se cebó con los villarejos: un conflicto entre nobles fue saldado con fuego en nombre del Gran Cardenal, quedando en pie apenas un puñado de casas en aquel 1517 en el que presuntamente se dieron esos incendios.

La tierra de los tres castigos que se encuentra enclavada en una de las rutas del Camino de Santiago (la sureste) y en el trayecto que lleva de Medina de Rioseco a Toro vivió una tercera penuria; esta, climatológica. Zeus descargó su furia en una tormenta que un 7 de julio de 1951 arrasó una treintena de viviendas y los vestigios románicos que en Villardefrades había. Y sí, hace unos años tocó la Lotería del Niño en el pueblo, aunque ni los millones compensan lo que hizo la historia, por más que hoy no se hayan quedado más que como anécdotas esas vivencias.

Villardefrades
‘La Obra’, iglesia de San Andrés de Villardefrades, por dentro

‘La Obra’ inacabada de Villardefrades

De lo que más huella ha quedado en el municipio no es de los infortunios o castigos anteriores, sino de la iglesia inacabada de San Andrés. ‘La Obra’, como se conoce al templo de la Villa de los Frailes, se quedó a medio hacer porque no hubo fondos para acabarla tal y como había sido concebida debido a otra calamidad: el hundimiento de un barco lleno de oro que venía de las Indias y que iba a sufragar la construcción. Concretamente, fue Villar Fray Andrés González Cano, hijo de Villardefrades, el que la encargó, una vez fue nombrado obispo de Nueva Cáceres en las Indias Filipinas.

La iglesia empezó a levantarse en 1763, pero el dinero mandado en primer término no bastó, por lo que el obispo hizo un segundo envío. De camino, la embarcación, y el tesoro que traía, acabó en el fondo del mar. No cejó en su empeño el obispo, ya que llevó a cabo un nuevo intento, pero murió antes de que el navío alcanzara la costa española y sus deseos quedaron -nunca mejor dicho- en agua de borrajas, obligando a detener definitivamente la construcción en 1790 (no sin disputas previas de los vecinos del pueblo con sus herederos).

Con esta decisión, ‘La Obra’ quedó desnuda, dejando entrever la belleza que iba a tener, aunque varada en el tiempo, con tres puertas que flanquean sus tres naves, que, como los detalles de la época que empezaron a esbozarse, se pueden ver hoy en día a través de unas verjas. Unas que tras sus espaldas tienen lo que uno puede achacar al mal fario, a los designios o a los caprichos de unos nobles, al mal tiempo o a lo que cada cual quiera, pero que no deja de ser hoy día un patrimonio histórico rico, aun con todas esas desgracias, del que están orgullosos en este municipio de Valladolid.

Puedes seguir a Blanquivioletas en WhatsAppFacebook y X.

Jesús Domínguez

Crecí en la Galicia del 'SuperDepor' y del 'EuroCelta'. En Los Anexos me enamoré del fútbol de cantera. Pasé por El Norte de Castilla, Diario AS y Cadena SER antes de volver a dirigir Blanquivioletas.

Mantente informado en WhatsApp

Entrar ahora

Deja un comentario