Muriel de Zapardiel y el patrimonio de una España que languilece

Publicado el 18 enero 2026 16:00h
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Iglesia de Muriel de Zapardiel

Decía Juan Navarro, periodista vallisoletano que retrata en El País los problemas la España vaciada con el cariño de quien lleva una espiga de trigo en el corazón tintado que en Muriel de Zapardiel, «donde el domingo [pasado] había un ábside mudéjar, hoy hay una enorme boca negra sobre toneladas de escombros». Ese retrato suyo es a veces descarnado, porque así son las cosas que pasan en nuestros pueblos. Como cuando uno se engancha con un alambre y este le descose las ropas. Como cuando la espina se clava en la yema del dedo y, sin querer, uno sangra.

Ese domingo en Muriel de Zapardiel nadie imaginaba ir a suscitar tantas atenciones. A menudo pasa, que la rutina nos aborda, nos rodea, nos atrapa, hasta que algo la rompe. Lo que en el pueblo se rompió fue un patrimonio de esos a los que las miradas se acostumbran (y es que ya lo decía ‘El Principito’; «lo esencial es invisible a los ojos»). La Iglesia Parroquial de Santa María del Castillo, parte de ella, se vino abajo sin remisión, dejando una lógica consternación en los lugareños y provocando que volviera a aflorar una preocupación que a veces ni es tanta ni es de tantos: que nuestros pueblos se mueren.

Lo hacen porque desgraciadamente lo hacen los mayores, que son quienes los sostienen, y lo hacen porque su patrimonio histórico y cultural, que es vasto en casi cada municipio de Castilla y León, no siempre alcanza o es cuidado (como por suerte sí cuidan a esos mayores algunos hijos, aunque a cambio les hagan abandonar sus casas. Así pasó con el ábside, que no se preveía que fuera a caer, pero cayó, dejando sin lugar para el culto al centenar de vecinos de la localidad y desnudando las políticas de conservación de edificios de este tipo: Bien de Interés Cultural (BIC) y Monumento Nacional desde 1983.

El latir de Muriel de Zapardiel

Hace 75 años, en 1950, Muriel de Zapardiel estaba habitado por más de setecientas personas. Los últimos datos registrados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en cambio, arrojan que actualmente apenas hay un centenar y pico de empadronados, lejos de lo que fue el municipio y más cerca de lo que han sido otros tantos tras la diáspora que la necesidad provocó del pueblo a ciudades o, como poco, a otros más grandes. Con un crecimiento vegetativo en negativo, no hay más de un nacimiento desde 2010… aunque sí algún año más de un deceso.

El latir de Muriel es pausado, no porque así lo indiquen las anteriores cifras, sino porque la actividad es la propia de un lugar poblado por jubilados que, eso sí, reverdece en periodos estacionales, triplicando su población a veces, señal quizás de que no todo está perdido, aunque el pesimismo así lo indique. El vínculo, las raíces, permanecen; las conservan los guardianes de ese pueblo que fue Muriel de Zapardiel, en aquellas décadas de los 50 y 60 en las que nacieron algunos de los vecinos que siguen aferrados al terruño y que no es que vieran ebullir sus calles, pero sí a más personas que a las que se encontraron el lunes.

El «tú de quién eres» no hacía falta preguntarlo: eran la mayoría de los visitantes «de la Prensa». Triste comodilla en la que todos caemos -el plural incluye a cualquier periodista- y que seguro que propició llamadas de esos hijos, sobrinos y nietos que vuelven durante el verano a visitar a los abuelos y demás familiares. Lo hacen fundamentalmente por las fiestas de San Juan o San Roque, que dan alegría a una localidad triste en la actualidad por lo que pasó con su parroquia; junto a su ermita, dedicada a San Roque, su principal matrimonio.

Situación geográfica

Muriel de Zapardiel es un lugar al que la llanura abraza, en la que la capital ni se percibe en la lontananza (está a unos 77 kilómetros de Valladolid), y donde cuentan que las sopas de ajo son poco menos que un arte que se paladea, como el cordero o el cochinillo. Su nombre proviene del árabe, pues Muriel significa ‘muro pequeño’, y del inconfundible rastro del río Zapardiel, junto al cual la ruta del mudéjar en nuestra comunidad transcurre. Además la iglesia y la ermita, su patrimonio incluye restos romanos, en el pago Los Villares, y medievales en el Labajo el Nudo, rescoldos de la historia que un día fue.

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Jesús Domínguez

Crecí en la Galicia del 'SuperDepor' y del 'EuroCelta'. En Los Anexos me enamoré del fútbol de cantera. Pasé por El Norte de Castilla, Diario AS y Cadena SER antes de volver a dirigir Blanquivioletas.

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