La visita del Huesca a Valladolid no resultó tan plácida como a menudo han sido las visitas de otros rivales esta temporada. Las poquísimas alegrías que se ha llevado el equipo en el José Zorrilla hacía temblar al más pintado, incluso sabiendo que la SD Huesca no llegaba en un buen momento y conociendo que este Real Valladolid había logrado ahuyentar algunos de sus fantasmas ya en El Molinón. A pesar de eso, tres puntos en Zorrilla, que valen seguramente más que tres en el imaginario colectivo.
Y con razón, pues eran muy necesarios para estabilizar a un equipo que venía dejando demasiadas dudas. Las certezas de este Real Valladolid no están, ni mucho menos, encauzadas, pero sí tiene visos de poder crecer si los resultados siguen llegando. Es imprescindible que lleguen las victorias para acompañar la buena sintonía de Escribá con los suyos encontrando el camino, pues sin esos puntos que argumenten la lucha y la mejoría, es difícil que todo cristalice en la consecución de los objetivos.

Por ello, como siempre detrás de cada partido del Real Valladolid, la intención es entender los partidos y las dinámicas, especialmente tras esta nueva victoria, esta vez en casa. Por ello extraigo las que para mí son las tres claves esenciales para entender lo que fue este partido entre el Real Valladolid de Fran Escribá ante la SD Huesca de Jon Pérez ‘Bolo’.
Vendaval tras el descanso
El equipo blanquivioleta supo salir al campo con la intención de dominar desde el primer minuto de partido. Incluso llevó la iniciativa con cierta notoriedad. No a través del balón, que fue muy repartido, pero sí a través de la sensación de que el equipo local quería más y no iba a aflojar en sus ambiciones. A pesar de eso, los errores en algunas descompensaciones entre transiciones ataque-defensa facilitaron a veces acciones que el Huesca no supo aprovechar pero en las que estuvieron cerca de hacerlo.

Aunque el Pucela supo controlar estos incendios, lo cierto es que la voluntad en ataque no terminaba de ser clara y el equipo no mordía arriba lo suficiente para poder inquietar de manera notoria a los rivales. En ese escenario, se veía que el equipo quería, pero no de una manera lo suficientemente clara como para encontrar los tres puntos de manera clara. Todo iba a cambiar, por fortuna, tras el descanso.
Si la primera parte dejó dudas, la segunda parte fue la oportunidad de los pucelanos de mostrar los dientes. El equipo local salió con muchas ganas, amenazando en cada acción, agobiando con la presión y con capacidad para construir. Incluso tras una baja sensible en defensa, el equipo construyó con sensatez desde la base, fiándolo todo a la capacidad para llegar arriba, intentarlo y presionar ante la opción rival de salir desde abajo. Esa intención es la que logró el gol de la victoria y la que acercó al Real Valladolid a poder irse a un marcador, incluso, más abultado.
No encajar, al fin
Dentro de la facilidad del Pucela para encontrarse de nuevo con la victoria, estuvo la virtud de saberse por delante y tener la capacidad para seguir sin encajar. El Huesca sí encontró vías para hacerle molesta al equipo local cada acción en la que Enol Rodríguez conseguía tener alguna pelota en las inmediaciones del área, pero lo cierto es que sus prestaciones no fueron suficiente. Ni la entrada de Escobar fue capaz de potenciar las habilidades de un Huesca mohíno de cara a gol.
En ese sentido, la capacidad defensiva, de los cuatro atrás, Clerc, Alejo, Torres, Ramón y, finalmente, también Michelin y Jaouab, fue quizá de las mejores muestras del equipo en el ámbito defensivo. No solo por no cometer errores trágicos (los hubo, pero sin gol rival), sino también sabiendo corregirlos a tiempo y sin los complejos para sentir que el partido se iba sin remedio. A todo eso se le añade una buena capacidad para construir desde atrás, potenciada por un Jaouab que fue líder en esa salida de balón. Hasta ahora poco convincente, sus prestaciones dejaron buenas sensaciones.

Y no sería justo olvidar a Guilherme Fernandes. El portero del Real Valladolid de nuevo fue básico. Entendiendo los tiempos, las necesidades del equipo y, sobre todo, siendo clave en las acciones en las que el Huesca buscaba y conseguía tener acciones de oportunidad ante el portero blanquivioleta. El luso es un jugador clave para entender que el Real Valladolid pueda, aún, optar a tener un final de temporada tranquilo. Incluso dentro del caos, Guilherme es una boya de seguridad impagable.
Todo en su sitio
El equipo entendió bien las necesidades de un partido en el que el Real Valladolid necesitaba ordenarse. Y los participantes supieron tener ese peso dentro de la realidad del Pucela para encontrar la vía para construir un equipo bien armado. Cuando Clerc abandonaba posición, otro venía a buscar su espalda; cuando Alejo subía, entendía si su juego convenía por fuera o por dentro, para asociarse después con Peter o Chuki, cayendo a ese perfil continuamente; o cuando Marcos André tenía el capricho de encontrarse con más balón entre líneas, Chuki o Peter sabían proyectarse.

Una buena disposición de todos los elementos, especialmente en la segunda parte, para poder encontrar razones en las que apoyarse para creer más en una plantilla que hasta ahora no ha visto que lo intentado pudiera tener un efecto claramente positivo en los resultados del equipo. El equipo pucelano necesita más y los jugadores parecen querer ser quieres den los primeros argumentos, con un ideario sencillo trasladado por Fran Escribá, pero con la intención solemne de demostrar que tienen mucho más de lo demostrado.










