Precisamente ahora que estamos con la soga al cuello, nos acordamos de aquel partido de hace tres años, en Tenerife, donde celebramos el histórico ascenso con un entrenador joven y con ganas y una plantilla diseñada para no sufrir en segunda y que se convirtió en una máquina de jugar al fútbol, bien engranada, con hambre de éxitos y humildad en el trabajo.
Tres años desde que miles de vallisoletanos salimos a celebrar en la Plaza de Zorrilla el ascenso, bañándonos con la alegría desbordada y pasar hasta altas horas de la mañana celebrando lo que tanto merecíamos, los miles de aficionados, abonados y simpatizantes de este humilde pero histórico club.
Sin embargo, también han pasado tres años desde que un joven chaval extremeño sintiera más si cabe al Real Valladolid. El destino le jugó una mala pasada, pero le abrió las puertas a una nueva vida: Ni mejor ni peor, distinta. Una vida en la que se valoran otros aspectos, que no los puramente externos y donde han aparecido nuevas amistades y una nueva escala de valores en la vida.
Indirectamente fui protagonista del evento y desde el primer día quise ser partícipe y arrimar el hombro con la familia para ver el estado y la recuperación. Eran varios amigos que directa o indirectamente habían estado presentes en ese día del ascenso. Me llegó «a la patata» lo que había sucedido y ahí estuve, estoy y estaré.
Antonio es un chico jovial y vitalista. Por lo que le conozco, es un chico muy agradable, bromista, aunque le doy caña para que siga sus estudios y continúe con su recuperación. Su amor por nuestros colores ha crecido en forma exponencial al cambio en su vida y la fe mueve montañas, la misma que hace que su familia se haya volcado en él, así como sus amigos, tanto los de Extremadura como los de Valladolid, porque eso somos, sus amigos. Estamos aquí, sabe que no fallaremos y que nos une lo más importante: El Real Valladolid.
Seguimos en contacto. Internet es una maravilla. Antonio sigue escribiendo tanto en las redes sociales, donde tantos jóvenes interactuan diariamente, como en la web y en su foro, aquel que le ha servido para conocer a muchas buenas personas y aquel donde se han fraguado diversas amistades.
Antonio es un chico al que hay que envidiar su coraje y su habitación lleno de objetos y camisetas del Real Valladolid, un santuario para rezar la victoria de nuestro querido Real Valladolid el domingo en Gijón. Es uno más, igual que nosotros. La unión hace la fuerza, y pese a que le demos caña para que siga sus estudios (porque va a ser un hombre provecho), siempre quedará la amistad y nuestra sangre blanca y violeta.
Recemos por vencer en Gijón.













