La mirada de los puentes de Valladolid siempre recorren el estilizado perfil de una ciudad que siempre ha vivido en torno al recorrido fluvial del Pisuerga. Es por eso que buscar en los recuerdos de quienes han paseado por la ciudad y conocido sus secretos siempre encuentran alguno en torno a alguno de estos nexos entre dos orillas, que sirven para que las historias, de uno y otro lado, siempre conecten. Uno de los más antiguos, el Puente Colgante, se levanta férreo y llamativo sobre las aguas del río Pisuerga.
De hecho, hablamos del segundo puente de la ciudad, si es que a la zona que ocupa el Puente Colgante se la podía considerar, en 1865, propiamente Valladolid. Y es que el puente nació como una conexión a las afueras, para conectar dos nuevas vías, la carretera de Zamora y la de Calatayud, no tanto para conectar los márgenes del río en la ciudad. No era un puente urbano, sino una forma de conectar vías que encontraron una traba en el Pisuerga para seguir su camino.
Y no, no era un puente típico. Mientras que el Puente Mayor refleja la tradicional figura de un puente construido hace más de 800 años, la realidad del Puente Colgante bebe de una novedosa forma de interpretar este paso entre orillas llamado arco tesado. En este sistema, las fuerzas horizontales del arco se compensan con la tensión que se le encomienda a la cuerda inferior, en el caso del Puente Colgante de Valladolid, por tirantes horizontales y del propio tablero, sin servirse de cimientos bajo el puente como en otras obras constructivas, dejando a quienes pasan por él colgados en el aire, razón del apodo del mismo puente.
Y es apodo, pues el puente, en realidad, siempre fue el Puente de Prado y no Puente Colgante. En el imaginario popular, sin embargo, siempre será el Puente Colgante. Un testigo mudo del crecimiento de una ciudad que poco a poco fue absorbiendo las zonas que lo acompañaban en ambos márgenes para convertirlas en ciudad y acoger, por tanto, al segundo puente más antiguo y hacerlo parte de una Valladolid moderna y en pleno crecimiento.
Construcción española, metal inglés
Las operaciones de construcción estuvieron al cargo de Andrés Mendizábal, ingeniero de caminos, que proyectó un puente colgante en el mismo emplazamiento que ahora se levanta la actual estructura. Ese modelo primigenio se pensaba sustentar en solo un cable de acero de once centímetros de diámetro y que debía tener sesenta y ocho metros de largo y doce metros de altura, lo que cumplía con creces la idea de conectar dos vías sin la necesidad de que el elemento férreo formara parte de un tejido urbano. Sin embargo, las obras pararon por falta de medios técnicos y económicos.
Estas dificultades hicieron pensar en varias vías, hasta dar con la definitiva del arco tesado o bowstring. La estructura del puente se compone de hierro forjado y roblonado en caliente, con apenas unos pedestales de entrada de hierro fundido sobre una estructura de piedra, que transitan entre dos cerchas de celosía metálica con forma de segmento circular que da el arco óptimo para sustentar la estructura, con el punto de mayor altura en el centro. El cordón superior es curvo y el cordón inferior es recto, con ala y alma en forma de ‘T’ en el que ambos se unen sobre planchas de palastro también roblonadas.
Una obra que tuvo que ser diseñada a medida y pensamiento desde tierras inglesas, específicamente en Birmingham, donde los talleres de John Henderson Porter pudieron crear todas las piezas y roblones necesarios para construir esta belleza que hoy une dos orillas de la ciudad, bajo la supervisión de dos ingenieros españoles como Carlos Campuzano y Antonio Borregón. En abril de 1865, con todas las pruebas de peso realizadas, el puente se inauguró y abrió al paso.
Un puente que, aún hoy, con numerosas modificaciones para conservar su estructura, debe recordarnos todo lo que habrá visto el acero inglés que viste este coloso sobre el río Pisuerga, que sabe más de nosotros, a menudo, que nosotros mismos. Un testigo con acento inglés que, por suerte o por desgracia, mira mudo e impasible a todos los que cruzan su longitud de un lado a otro de Valladolid.














