El Real Valladolid Promesas y el Ourense se vieron las caras en una jornada ventosa llena de alicientes para ambos equipos que acabó, sin embargo, en una nueva derrota en Los Anexos. El resultado final de 2-3 acaba por dictar sentencia en un partido en el que, en el global, el Promesas supo tener más control, aunque con los suficientes errores para comprometer el marcador y volver a quedarse sin sumar en casa.
Una realidad que sigue siendo un varapalo para un Promesas en el que sumar en Valladolid sigue siendo complicado y la tabla suma urgencia por el susto que supone verse en la parte baja de la tabla de Segunda RFEF tras un partido marcado especialmente en lo deportivo y en lo emocional. Y es que en el banquillo del Ourense se sentaba el exblanquivioleta Borja Fernández, célebre exjugador del Real Valladolid que sigue su carrera como técnico en el equipo de su tierra y en el que pudo sacar una nueva victoria ante el Promesas de Javi Baraja.
Un penal que rompió el buen comienzo del equipo
Llegaba el Ourense como un equipo complejo para hacerle daño, siendo un rival con pocos goles en contra y con esa seguridad empezó el partido, sabiendo mandar más y mejor con balón. El equipo gallego se sintió bien desde el inicio, con mejores posesiones y con más capacidad para acercarse al área de Álvaro de Pablos, pero con el peligro siempre de la velocidad del Promesas al espacio, a la espalda de una defensa del Ourense generalmente adelantada.
En ese escenario, un error de Iago Parente en el minuto 15 pudo suponer el primer tanto rival, en lo que acabó siendo la mejor acción hasta ese momento, en la que el equipo de Borja Fernández no supo aprovechar el error. A pesar de todo, varios acercamientos, especialmente en la banda de Sergi Esteban, fueron las mejores opciones para un Promesas al que le costaba encontrar las ocasiones claras a pesar de que, en la contra parecían sentirse cómodos con el devenir del encuentro.

Poco después la réplica llegó a través de Justino que, respondiendo a un centro algo pasado, inquietó a un Alvaro de Pablo que supo resolver la papeleta en un remate complejo pero que pareció poderse envenenar en su viaje a las manos del meta del Pucela. A pesar de ese toma y daca, la realidad del partido iba a cambiar con la llegada del gol de Ivorra, el primero del partido, tras un buen centro de Sergi Esteban en el que fue un remate complicado pero certero y muy cruzado, que fue capaz de sorprender a Manu Vizoso para desestabilizar el marcador.
Una ventaja que iba a volverse inocua en el minuto 29, cuando el árbitro, Sergio Álvarez, marcó pena máxima en una acción de Koke Iglesias tras una entrada a Justino, a todas luces limpio, y que acabó por significar el gol de Raúl Gil desde los once metros, con los dedos de Álvaro de Pablo como testigos de un tanto que a punto estuvo de evitar.
Con el empate, vinieron unos minutos de descontrol defensivo que dieron alas a un Ourense más presente, que además logró encontrar una acción notable con un disparo de Hugo Busto que apenas pudo detener Álvaro de Pablo, casi sin visibilidad, en la línea de gol. Una jugada que marcó precisamente esa imprecisión que en las segundas jugadas pudo complicar la vida del Promesas.

Dio tiempo, sin emargo, para que Jesús Martínez pudiera generar la mejor del Promesas para el desempate, que no consiguió cerrar el centrocampista tras una buena jugada de Riki que quedó suelta en la frontal para el disparo del ‘8’ blanquivioleta, que acabó por mandar el esférico fácil a las manos de Manu Vizoso, en un lanzamiento erróneo que no buscó los palos del meta del Ourense.
Más luces que sombras… sin premio
Empezó con ganas el Promesas la segunda mitad, con una acción en la que Carvajal no llegó por poco a un balón que hubiera sido un buen uno contra uno ante Manu Vizoso. Y no se quedó ahí, con un Promesas más valiente, que quiso hacer de esas sensaciones un nuevo escenario de dominio en la segunda parte. Fue así como consiguió, precisamente, encontrar el mejor tramo del partido en esos minutos iniciales tras el descanso, donde el Promesas supo encerrar al Ourense en su campo.
Justo cuando el Promesas parecía mejor, llegó el desempate, por parte de Rufino, que supo encontrar el remate plácido en el área tras un centro desde la izquierda de Hugo Busto. Tras el gol, trató Javi Baraja de no perder la cara al partido, con cambios (Murcia, Porras y Olandía) que pudieran conservar esa sensación de dominio y que marcaran su capacidad para volver a acercarse con peligro al área gallega.

Con esa realidad conquistada, con un Ourense más taciturno y menos osado, el Valladolid Promesas tenía control, aunque no con el orden necesario para no cometer errores o asomarse, con peligro real, al área contraria. Esa situación pareció demasiado descontrolada para poder mostrar una cara amenazante y volvió a ser el caldo de cultivo de una nueva ocasión, que a la postre sería el tercer tanto de un Ourense que supo aprovechar la precipitación del Promesas.
Fue Hugo Busto el causante, en una acción en la que Cebri no tuvo capacidad para marcar a su par y adelantarse al pase, en lo que supuso una autopista cómoda para el ’18’ del equipo gallego, que vio cómo esa acción suponía un gol en contra más, con. el atacante del Ourense definiendo a la perfección por bajo para superar al meta pucelano.
Un golpe duro que no acabó con la insistencia del Promesas en su empeño y que acabó teniendo premio, en una jugada en la que Carvajal la luchó al espacio y consiguió tejer una jugada en la que en un disparo de Sergi Esteban el rebote le cayó al propio Carvajal, que encontró dentro del área la posibilidad de rematar a la red en un 2-3 que serviría de acicate para seguir luchando hasta el final por una acción que le diera un punto.
En una de esas, tras la salida de un córner, Fer Iglesias podría haber sido el causante de una acción que diera pie al gol blanquivioleta, con una mano clara en el área que, sin embargo, en un nuevo arrebato del árbitro, se optó por no señalar. Una acción que no acabó con tanto pucelano y que volvía a ponerse de espaldas para la lucha de un Real Valladolid Promesas que quiso dejárselo todo hasta el final sin la suerte que debe siempre acompañar en un deporte como el fútbol.












Siempre igual, ese 11 ya está quemado, y vamos directos a tercera.
Hoy con los cambios, cambió el partido pero ya era tarde.
Se necesita más contundencia en la defensa, sin errores individuales partido tras partido; en el centro del campo hacen falta más jugadores y poder finalizar más jugadas.