Fran Escribá no titubeó ni antes ni después de su debut en El Molinón: Julien Ponceau debe ser importante. El entrenador apostó por conceder la titularidad al centrocampista francés mes y medio después de que saliera de inicio por última vez en lo que era una declaración de intenciones: el valenciano ha venido al Real Valladolid a poner orden, pero sin renunciar a la creatividad que el galo le puede dar. Sabe, porque así lo dijo, que Ponceau tiene que ser «muy importante». Y, habida cuenta de la necesidad existente de que el talento aparezca, ha llegado para él la hora de la verdad.
«Le vamos a exigir mucho porque pensamos que a su nivel va a ser determinante», anunció el técnico en rueda de prensa, sabedor a buen seguro de que en verano llegó con la vitola de fichaje estrella y, sin embargo, de que hasta ahora ha estado lejos de justificar el sambenito. Pero tenía y tiene sentido exigirle, tanto por calidad como por el rol que puede ocupar durante el tramo decisivo de la temporada, en el que, a falta de otros aderezos futbolísticos como un mediocentro puro y dominante -que no lo hay en el plantel- que permita crecer de otra manera, su dinamismo es necesario para lo que Escribá quiere implementar.

La indeterminación envuelve al galo
Cuando Ponceau arribó a Valladolid, lo hizo precedido del cartel y la fama que le otorgaban sus goles y asistencias en las dos ligas principales de Francia, números no muy altos pero constantes, con los ocho impactos de cara a la portería contraria de la pasada campaña (en Ligue 2) y los cinco de la anterior (en Ligue 1). En el presente curso acumula tres, merced a un tanto y dos entregas, si bien las sensaciones son de una incidencia menor en el juego, ya que ni ha terminado de encontrar su sitio ni ha parecido que hasta ahora el modelo de juego o el contexto realmente le favorecieran para hallar ese brillo.
Guillermo Almada enunció al comienzo de la temporada que había sido firmado para actuar por detrás del punta, si bien, ante la falta galopante de fútbol, se vio obligado a colocarlo unos metros por detrás para tratar de hallar clarividencia en el juego estático al que los rivales abocaban con frecuencia al Real Valladolid, ya que, una vez le cogieron la medida, le dejaban llevar la iniciativa, algo para lo que el equipo no estaba preparado. De esa manera, efectivamente, el equipo mejoró la circulación, si bien ganando en los primeros pases perdió algo en campo contrario (o quizás, mucho; fue a menos, aunque no solo por esto).

Qué puede ser Ponceau para Escribá
Aunque un solo partido no es muestrario de nada, tal parece que con Escribá, aun actuando en el centro del campo, Ponceau puede ser otro. Lo que se vio en El Molinón anima a creerlo no ya porque dejase unas sensaciones rimbombantes, sino porque el tipo de juego va a ser otro, y lo que se le demande, también. No parece que el Real Valladolid vaya a enredar atrás; seguramente se priorizará el salir sobre una segunda altura con envíos sobre Latasa y, a partir de su capacidad de ganar duelos, intentará trasladarse junto a campo rival desde la recepción de la segunda jugada.
Con ese tipo de acciones -obviamente, los micropartidos le llevarán a otras conductas-, parece que Ponceau puede establecerse con más garantías en campo contrario que con otros enredos, sin descuidar las labores propias de quien juega de mediocentro, pero, a la vez, acercándose a Chuki, que es el caudal que lo conecta todo. El mediapunta vallisoletano participó en las jugadas de los dos goles de Gijón y en uno de ellos, el segundo, se encontró precisamente con Ponceau en una jugada de este tipo, dando velocidad a la acción merced a la claridad que los dos tienen.

Una conexión poco explorada
Aunque lo anterior no es más que un primer esbozo, una cosa está clara, y es que una de las claves de la permanencia puede estar precisamente esa conexión entre los dos futbolistas con mayor creatividad y talento ofensivo de cuantos centrocampistas tiene la plantilla. Y eso que hasta ahora solo han jugado 526 minutos juntos, el equivalente a menos de seis partidos completos y el 21,6% del total de lo que va de LaLiga Hypermotion. Además, solo han sido titulares a la vez en apenas cuatro encuentros, un lujo que, al margen de los problemas físicos que han atravesado de manera puntual, el Real Valladolid no se puede seguir permitiendo.










