Es preciso saber que hay jugadores de fútbol que nacen con un duende. Una intuición que les permite estar en el lugar y en el momento correcto. Es, al parecer, el caso de Álex Iguaz, que con apenas 16 años está ya demostrando una capacidad enorme en el Juvenil de Liga Nacional del Real Valladolid. Futbolista con un instinto natural de delantero centro que consigue demostrar, de manera consistente, que es un goleador con futuro. Partido tras partido, el delantero centro de la cantera pucelana consigue convencer sin dejar que la presión de las expectativas puestas en él puedan pesar sobre sus hombros.
El gran inicio de temporada que está viviendo no es casualidad y, como es lógico, no ha pasado desapercibido. El propio primer equipo le convocó a varios entrenamientos el pasado mes de en noviembre. Una prueba de que el aragonés tiene nivel para medirse y compartir césped con jugadores de Primera División y desentonar lo justo. Una realidad que habla de ese impacto generado como atacante y de las esperanzas que ha sabido depositar el club en su habilidad y progresión.
Lo que está claro es que Iguaz no se cansa de hacer goles. Es ese tipo de delantero. De los que saben cuál es su deber, lo aplican a la perfección y, además, se quitan importancia. Su viaje y la virtud de su humildad lo señalan como uno de los diamantes por pulir en la fábrica de jugadores de Los Anexos. A bordo de un Juvenil B con varias idas y venidas esta temporada, la realidad actual de la cantera parece exigir que jugadores como Iguaz sigan su camino sin distracciones y sin cantos de sirena. Disfrutar de la posibilidad de verle crecer vestido de blanquivioleta es un lujo que, desde la grada, conviene aprovechar.
Iguaz, en ascenso continuo
Iguaz no decepciona. De hecho, esa quizá es una de sus grandes virtudes. Quienes siguen el desarrollo de la temporada en el juvenil del Real Valladolid saben que es un jugador especial y que no ha dejado nunca de mirar hacia arriba. Tal y como ya contamos en el pasado en Blanquivioletas, un delantero rápido de ejecución, con capacidad para leer los espacios y con ese intangible que algunos llaman instinto y otros llaman, directamente, gol. Tener gol, siendo delantero, te capacita para saber que las etapas pueden ser sólo orientativas.

Ya son doce goles los conseguidos por Iguaz en la 25/26, a bordo de un equipo como el Juvenil B. Ahora mismo, sirven para que el equipo, en Liga Nacional, esté quinto en la tabla de clasificación. De hecho, solo un jugador, Álvaro Falagán, es capaz de discutirle la cifra de goles en la liga. Iguaz es segundo en una tabla de mejores goleadores en la que también aparece sus compañeros Miguel Redondo y Sergio Merino, con siete goles cada uno.
Sabiendo que el futuro de Álex Iguaz en el Real Valladolid parece prometedor, conservar esas buenas sensaciones debe ser prioritario, cuidando lo que es y permitiéndole evolucionar como ha hecho hasta ahora. Correr en ninguna edad es bueno (que se lo digan a muchos otros que pasaron y pasarán), pero encontrar la mejor vía para potenciar su talento sin dar pasos en falso parece prioritario para saber entender su ritmo y su apego a una posición y a un escenario que debe seguir poniéndole retos aún en las categorías inferiores del Real Valladolid.

Llegada y rápida adaptación
Y eso que no parece sencillo. Para empezar, Iguaz debió adaptarse primer a una nueva ciudad, a un nuevo proyecto deportivo y, sobre todo, a intentar rendir al máximo nivel desde el primer día. Algo que el joven aragonés parece haber conseguido rápidamente desde su llegada del Santo Domingo Juventud de Zaragoza. Allí su capacidad goleadora ya había logrado llamar la atención de varios clubes, pero el equipo blanquivioleta apostó fuerte por él sabiendo de lo que podría aportar, por lo que quiso hacer todos los esfuerzos posibles para ficharlo.
La realidad actual muestra que han acertado, pues parece ser capaz de encontrar casi siempre una vía al gol. La naturalidad frente a la portería del equipo pucelano marca una realidad que, sin duda, habla bien del muchacho. Sin complicarse la vida con recursos innecesarios ni florituras, es un delantero con instinto necesario para marcar, siendo directo, práctico y eficaz, con esa frialdad que suele caracterizar a los grandes rematadores y con esa capacidad para ignorar el ruido exterior. Pocas cosas más se pueden pedir a un jugador de su edad, aún sabiendo que su nivel habla del ahora y no del futuro que parece estar abriéndose a sus pies.











