El barco se hunde

Publicado el 5 mayo 2010 23:30h
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Nivaldo 5.5El fútbol es lo que es, entre otras cosas, por la mezcla de sentimientos contrapuestos que es capaz de generar en cuestión de minutos. El Pucela tiene pie y medio en Segunda División justo cuando las circunstancias se presentaban propicias para revertir una situación que semanas atrás se había vuelto crítica.

Ante un rival que no se jugaba nada, y con el resto de implicados en la lucha por eludir el descenso complicándose la vida, el Valladolid ha sido incapaz de traerse nada positivo del Calderón. Es lógico que, ante esa sucesión de hechos, el aficionado haya pasado de la ilusión al desencanto en apenas unas horas.

Sobre todo, después de ver cómo ha discurrido el choque en el Manzanares. Con el espaldarazo de ver cómo Racing y Málaga se iban quedando atrás a las primeras de cambio, el Pucela no tardó en hacerse con las riendas del partido. Así, a los nueve minutos, Manucho pudo batir a De Gea de haber llegado a un buen centro de Diego Costa. En el córner posterior, se reclamó una posible mano de Cabrera tras remate de Borja.

Con la inercia de estas dos llegadas, el Valladolid se vino definitivamente para arriba, bien resguardado atrás con una defensa de cinco en la que Barragán volvió a ocupar el lateral izquierdo.

Por desgracia, enfrente no estaba Asenjo sino De Gea, que se ha consolidado en la portería rojiblanca a base de hacer intervenciones de mérito. Las mismas que hoy le sacó en sendos remates a Pelé y a Manucho.

El Pucela rondaba el gol y el Atlético se lo acabó encontrando sin quererlo. Al filo del descanso Juanito abrió la lata al aprovechar un balón colgado por Jurado desde la derecha. Un tanto psicológico, a todas luces.

Al Valladolid no le quedaba otra que jugársela a vuelta de vestuarios. Pero lejos de llegar la remontada, lo que llegó fue la sentencia. El Atlético, pese a jugar relajado y sin tensión, no tuvo piedad del conjunto pucelano. Primero Jurado en el 66 y, más tarde Forlán en el 73, se encargaron de cerrar el partido.

El tanto postrero de Sesma en la recta final del encuentro no sirvió más que para maquinar el resultado final. Maldita la hora en la que llegó la primera derrota de la era Clemente.

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