Corría el invierno de 1982 cuando nuestro querido Real Valladolid cambió de estadio para jugar. Del céntrico y recogido José Zorrilla se pasó a uno que estaba en las afueras, frío y desangelado. La reacción de la gente no se hizo esperar: se perdieron varios miles de abonados y la salsa del fútbol. De llenar el viejo estadio con 15.000 plazas a casi 12.000 en la temporada siguiente. El golpe fue duro y la pérdida de ambiente también.
El nuevo estadio presentaba más localidades pero también más lejanía, en un barrio todavía sin nacer, como era Parquesol y en la zona alta del estadio, más propensas a los vientos y a la niebla. Hubo varios proyectos más como el de construirlo en la Carretera de Laguna o junto a Laguna de Duero pero se decidió la ubicación de Parquesol. Del ambiente pre-partido en los alrededores del estadio, ir andando al mismo, su ubicación, el ambiente en los bares cercanos… se pasó a subir en coche o autocares fletados por bares o peñas e ir directamente al estadio. No había bares y hasta años después que se abrió el antiguo Continente, no había un local cercano.
Se perdió el ambiente pre-partido, el tomarse una caña, un coñac o un café hablando con los amigos del fútbol antes del mismo. Hace varios años se abrió la cafetería de los anexos, que colma algo la necesidad social pero ni mucho menos lo que se espera.
Más deprimente es sentir cómo en estadios con «más solera» como en Gijón, San Sebastián, Bilbao, Villarreal, Valencia o incluso Coruña el ambiente cercano a los estadios es mucho más futbolero, con muchos aficionados que salen antes de casa, van andando al estadio y entorno al mismo, se toman algo preparando el partido del domingo.
¿Lo podremos encontrar con el Valladolid Arena? Fue una pérdida grande y que nos pusiéramos en lista de los estadios en el extrarradio como el Salamanca. Una gran pérdida para el ambiente futbolero de los domingos.













