Hablar de Miguel Delibes en Valladolid es hacerlo de uno de los pocos profetas en su tierra. Nacido en Valladolid, Delibes no necesitó nunca eso de «irse a Madrid», tan estupendamente comentado por Manuel Jabois en una de sus columnas. No, el autor vallisoletano supo recorrer todos los caminos de la literatura entre las calles de la ciudad que le vio nacer y que, a los ochenta y nueve años, le vio morir.
Fue hermano en una familia de diez y padre de una familia de nueve, siempre estuvo rodeado de personas que le querían, ya fuera como hijo, como hermano, como padre, como marido o como autor. En ese trasiego que es la vida, a Delibes no solo le dio tiempo a ser el escritor favorito de varias generaciones, sino un vecino más de Valladolid con el que cruzarse de manera habitual por la capital vallisoletana. No es sencillo encontrar muchas figuras que, estando tan ligadas a la tierra, sean tan afortunadas de acoger el cariño de casi todos a través de una trayectoria tan intachable como la que decora su carrera como literato.
Entre sus obras, La sombra del ciprés es alargada, que fue Premio Nadal en 1948; El camino, celebradísima novela que ha acompañado a muchísimos jóvenes en la búsqueda de su propio rumbo; Diario de un cazador, que resultó ganador del Premio Nacional de Literatura; La hoja roja, premiado por la Fundación Juan March; Las ratas, ampliamente valorado y condecorado con el Premio de la Crítica; Cinco horas con Mario, El príncipe destronado, Los santos inocentes, o El hereje, de nuevo Premio Nacional de Literatura.
Un elenco portentoso de obras que recorren no solo una serie de cuentos necesarios, sino también una escena y un paisaje que explica la tierra que ocupan sus personajes. Delibes no solo fue capaz de quedarse en su tierra, de vivir y de ser uno de sus más grandes actores dentro de la literatura española, sino además de contar cómo se vive en una Castilla como la que encontró en sus ochenta y nueve años de vida.
Delibes, del escenario a la pantalla
A Delibes, además, lo han sabido honrar desde todas las artes. La belleza de sus Cinco horas con Mario no solo se disfrutaron ampliamente como libro, sino también como obra teatral. Un viaje enorme acompañando a Carmen en su despedida a Mario, su marido, que ha podido disfrutarse de manera casi continua en teatros de toda España desde 1979, con la voz de Lola Herrera como parte de una obra unida para siempre a la actriz.
De la misma manera, el cine también ha tenido un hueco para la obra de Delibes. Muchas de sus novelas han sido adaptadas, desde El camino a La sombra del ciprés es alargada, pasando por El disputado voto del señor Cayo, Retrato de familia o Una pareja perfecta, pero sin duda la adaptación de Los santos inocentes, en 1984, ha sido la que se ha llevado más elogios, de la mano del director Mario Camus.

Una obra que pasó a la historia por las actuaciones de Alfredo Landa, Juan Diego, Paco Rabal o Terele Pávez, en un clásico ya del cine español que ha sabido romper fronteras, que fue, incluso, premiada en Cannes a través del jurado internacional del certamen y por las actuaciones de Rabal y Landa, ambos galardonados en el festival.
Un marco inestimable que alarga la vida de algunas de las voces que creó un maestro nacido en la Valladolid que todos habitamos. Una Valladolid aún más helada y áspera sin el consuelo de que, por sus calles, te puedas encontrar de nuevo a Don Miguel. El cruce, no obstante, deberá darse en las que nunca fallan: las librerías.














