El Real Valladolid se reencontró con la victoria en el Real José Zorrilla varios meses después en una tarde en la que el José Zorrilla y el equipo dieron un paso adelante, no solo por los tres puntos, sino por la solidez que demostraron los blanquivioletas. Marcos André devolvió la alegría a la parroquia blanquivioleta, que sonrió y vibró con el ‘Free from desire’ a modo de festejo. Fue merecido lo de sonreír; después de tanto tiempo, le tocaba al Pucela, pero es que además fue sólida su actuación, aunque Guilherme Fernandes se viera obligado a intervenir en alguna ocasión.
No se puede decir que los primeros compases sorprendiesen a nadie, porque ni Escribá ni Bolo son entrenadores dados a engaños y a artificios. El pulso bajo de los primeros minutos lo quiso romper un poco de mentira el Real Valladolid, como ese ciclista que salta de a peseta del pelotón a sabiendas de que no tiene más o de que queda mucho para la meta. Se jugaba en pocos metros y sin que nadie tuviera excesiva prisa, con una calma que rompió el Huesca en su primer acercamiento. Enol apareció frente a Ramón, que se durmió, y su remate lo detuvo Guilherme Fernandes.
El segundo disparo entre los tres palos fue también de los altoaragoneses, cerca del cuarto de hora, cuando los blanquivioletas se podían autodenominar dominadores del cuero, aunque rara vez a menos de tres toques, lo que daba seguridad, pero no sustos. Tampoco lo fue, así, el cabezazo de Marcos André desde la frontal. A ese ritmo bajo se le añadió alguna que otra toma de decisiones desacertada, que hizo que los minutos se fueran consumiendo sin que pasaran demasadas cosas. Un chollo para los visitantes, a los que reiniciar las acciones, en cada saque de puerta o de banda, no les iba la vida.
La oportunidad más clara del primer tiempo llegó… bueno; realmente, no llegó. Transportó bien el cuero el conjunto de Fran Escribá hasta el centro de Peter Federico, que tocó Ponceau en dirección al área. En el boca de gol, incomprensiblemente, Marcos André no golpeó; le pasó el balón por delante y tanto él como la afición, que volvió a poblar en gran número Zorrilla, se llevó las manos a la cabeza. El de Maranhão, cerca del descanso, presionó sobre Dani Jiménez, sin éxito en el robo. Un tiro centrado de Peter, en una segunda jugada de una pelota parada, cerró un primer tiempo sin demasiados artificios.

Y al fin, Marcos André
Salió el Real Valladolid con un puntito más en la segunda mitad, con dos acciones protagonizadas por Tenés. En la primera, disparó con una folha seca diabólica que Dani Jiménez solo acertó a despejar con el cuerpo y sin saber cómo. La segunda fue un centro que despeinó a Marcos André, que no pudo rematar porque el servicio fue demasiado alto. Pero a la tercera, enésima para el ariete, fue la vencida. No se deshizo bien el Huesca de una segunda jugada y, en un pase para atrás de Portillo, el cuero le cayó a MA, que definió con precisión a la derecha del portero.
Como al verse por delante en Gijón, el Pucela supo que una de las claves para ampliar la ventaja podía estar en dar un ligero pasito atrás y buscar la verticalidad tras robo. Fruto de ello, llegó la ocasión de Peter Federico, pero arribaron también otras jugadas en las que parecía tener esa capacidad de transitar. Como al Huesca ahora sí le urgía, se mezcló eso con su necesidad, y hubo que ver una buena intervención de Guilherme Fernandes ante Jesús Álvarez. Fue el primer rechazo bueno de un intercambio de paradones, ya que Dani Jiménez salvó el 2-0 en una mágica transición finalizada por Ponceau.
El carrusel de cambios sentó mejor a los blanquivioletas que a los azulgranas, cuya oportunidad anterior fue un oasis en el desierto que suele ser su ataque, pues el Real Valladolid manejó bien los tiempos gracias, también, a Latasa, que, como el pívot grande, sirvió para intimidar. Recibió varias faltas y de ser baloncesto el fútbol, se habría ido varias veces a la línea de tiros libres. Más allá de la última jugada, que deparó un último susto a los hipocondriacos, porque le tocó otra vez salir a bailar a Guilherme Fernandes, el manejo de los tiempos fue el de un equipo con mayor aplomo de lo que dicen los resultados previos.
Mostró el poso de quien sabe competir y de quien quizás, de hecho, debió ganar con una mayor ventaja, porque acercamientos con marchamo peligroso tuvo cuando el Huesca quiso tocar a rebato y solo la definición (o el acierto rival, que lo tuvo Dani Jiménez y lo tuvieron los defensas a veces), lo evitó. Habrá quien diga, y con razón, que no hay que pedirlo todo de primeras. Lo cierto es que a Zorrilla, que acompañó en la primera victoria en casa desde el mes de noviembre, le bastó, y, merced al triunfo, el Pucela cede a su rival su puesto de descenso.
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El Pucela respira: carácter, oficio y tres puntos de oro
El Real Valladolid firmó un triunfo de esos que valen más que tres puntos. En un partido cargado de tensión, como lo serán todos los que restan hasta el final, el conjunto blanquivioleta demostró una evidente mejoría en todas sus líneas y ofreció un segundo tiempo de los que reconcilian a la afición con su equipo.
Tras una primera mitad equilibrada y de máxima exigencia, el Pucela dio un paso al frente en la reanudación. Intensidad, orden y ambición marcaron el ritmo de un equipo que entendió lo que había en juego. Las ocasiones comenzaron a llegar y el estadio empujó como en las grandes tardes.
Mención especial merece Carlos Clerc, que se confirma como un fichaje de enorme rendimiento. Todo terreno, con experiencia, pundonor y compromiso táctico, el lateral aportó equilibrio y profundidad, siendo clave en los momentos de mayor exigencia.
El encuentro también dejó intervenciones de mérito por parte de ambos guardametas, protagonistas silenciosos de un duelo donde cada error podía resultar definitivo. Sin embargo, el empuje local terminó imponiéndose.
Decisivos fueron también los cambios introducidos por Escribá, que supo leer el partido y modificar piezas en el momento justo para inclinar la balanza. El equipo ganó frescura y presencia ofensiva, encontrando el premio a su insistencia.
Estos tres puntos permiten al Real Valladolid salir de la zona de descenso y afrontar con mayor confianza el próximo compromiso en La Rosaleda, un escenario exigente donde será imprescindible mantener el “cuchillo afilado”.
La permanencia aún exige máxima concentración. Está prohibido relajarse. Pero si algo dejó claro esta jornada es que el Pucela está vivo y dispuesto a pelear hasta el final.
Siempre Pucela.