Los cines no solo nos dan ese espacio donde poder asomarnos a las historias, sino que se convierten en una de ellas. El cine en Valladolid siempre fue un importante foco cultural, con la Seminici como enseña principal, pero irremplazable también en el ocio de sus barrios. Es por eso que en Girón se levanta el Cine Castilla, un espacio admirado y valorado por quienes tuvieron la suerte de disfrutarlo antes de su cierre para poder vivir la magia del cine desde la butaca de un cine de barrio. Un edificio que guarda décadas de historias más allá de la pantalla.
Un espacio que marcó un antes y un después dentro de la vida de las personas que pudieron vivir el cine cerca de sus casas a partir de su inauguración, un 20 de septiembre del año 1975. Eso que conocemos como cine de barrio se pudo intuir claramente en la importancia que tuvo para todos los que pudieron visitar, de pronto, el arte de los hermanos Lumiére a cuatro pasos de casa. El Cine Castilla fue el primer cine de proximidad de una ciudad que empezaba a despertar a los nuevos tiempos y que quiso acercar el séptimo arte al barrio de Girón.
Un espacio común para Girón
Los artífices de la casa del cine del barrio fueron los arquitectos Julio González e Ignacio Bosch, quienes fueron los encargados de diseñar el espacio. Poco a poco iba a convertirse en algo mucho más grande que una simple sala de proyecciones, pero el proyecto, llamado desde el inicio Hogar del Productor y más conocido en el barrio como Cine Castilla o Sala Lumiére, ocupó un terreno de forma irregular en el barrio de Girón. O mejor dicho en su base, pues parece el hall de entrada a un barrio acostumbrado a las cuestas y a las escaleras. Un barrio que, desde la década de los 50, ya había sabido nacer con esa ambición de poder ser una ciudad-jardín casi independiente del resto de la urbe.
Dentro del cine, la sala principal tenía una capacidad notable, con espacio para casi quinientas personas, en lo que era un aforo considerable para un cine modesto, que permitía congregar a buena parte del vecindario de Girón. Aún así, el Cine Castilla nunca fue solo un lugar donde disfrutar del cine, pues el edificio pronto empezó a generar vida alrededor y a ser un marco social y cultural más allá de la pantalla. Dentro del edificio, además, escondía cafeterías donde charlar, espacios a modo de salas de juego y aulas donde poder impartir clase o reunirse. Incluso había una vivienda, dedicada al conserje del cine.
Era, pues, un auténtico centro neurálgico que trataba de aglutinar toda la vida social de Girón y barrios aledaños, pues la cercanía congregaba a más de un curioso que quería disfrutar del cine y de la vida que anunciaba el Cine Castilla. Nada más abrir sus puertas, una noche de 1975, se proyectaron dos películas para recuerdo de la historia del cine: ‘Cabaret’ de Bob Fosse, y ‘Esplendor en la hierba’ de Elia Kazan. Cine de calidad y una propuesta cultural clara por la calidad desde el primer día. Algo que, con el tiempo, se fue reinventando.
El final del Cine Castilla
Además de cine, el espacio acogió exposiciones o funciones teatrales, además de todo tipo de actividades recreativas en torno a la vida del barrio. Pero en febrero de 1986, poco más de una década después de haber abierto sus puertas, el Cine Castilla echó el cierre, empujado por unos nuevos hábitos de ocio que dejaban de lado las viejas salas modestas y por complicaciones económicas del sector cinematográfico que poco a poco sellaron su cierre.
Hace dos décadas, en 2015, un grupo vecinal decidió pintar la fachada para darle un aspecto más cuidado, con intención de que no fuera una simple decoración, sino un grito de auxilio para revivir este espacio. Desde entonces, el edificio ha sobrevivido a duras penas al amparo de una Junta de Castilla y León que fue propietaria y que incluso encadenó varios intentos de revivirlo desde su adquisición a finales de los años ochenta, todos sin éxito.
A pesar de todo, el recuerdo del Cine Castilla sigue vivo. En 2021 se acordó la cesión al Ayuntamiento de Valladolid y hoy en día, lo que fue un espacio inestimable del barrio de Girón, sigue siendo un espacio de encuentro comunitario que ocupan de manera discreta los miembros de la Asociación Familiar San Pío X, que mantienen viva cierta actividad cultural entre sus paredes, intentando conservar esa vida que un día tuvo este emblema cultural de un Valladolid que ya no está.















