El Real Valladolid logró librar la férrea defensa levantina en varias ocasiones gracias a los movimientos de su doble punta, pero la falta de talento en los últimos metros le impidió que sus ocasiones tuvieran el peligro necesario para vencer a un Levante que hace todo con sentido

Volvió a tropezar el Real Valladolid en un partido en el que se esperaba que sumase tres puntos que le dieran luz en la lucha por la permanencia y, como consecuencia, la corriente de opinión que defiende el cambio de entrenador como refuerzo en esa carrera por salir de los tres últimos puestos vivirá esta semana su momento más álgido.
Se confiaba en que el choque ante el Levante acabase en triunfo porque está bastante extendida la consideración de que el granota es un conjunto asequible, un buen invitado en ocasiones de extrema necesidad. Una imagen que se desprende de dos cuestiones tan engañosas como leer su alineación y no encontrar nombres propios que ‘suenen’ a talento técnico y ver jornada tras otra a sus rivales controlando la posesión de los partidos.
Parece claro vista su posición en la tabla que la realidad es bien distinta. Si bien no presenta muchos jugadores muy brillantes desde un punto vista meramente técnico y de ataque (¿y el Valladolid?), el Levante cuenta con una serie de futbolistas con un gran talento para desarrollar el fútbol que favorece al conjunto: el físico y genial manejo de espacios tan amplios de Diop, la contundencia y disciplina de sus cuatro defensores, el fantástico golpeo de Ivanschitz o la inteligencia en los movimientos de Casadesús y Barral.
Además, en muchos de sus partidos, la posesión que disfrutan sus rivales es un arma sin pólvora ante la solidez de las dos líneas rígidas de los valencianos, y solo sirve para que se transmita esa falsa sensación de que el equipo está siendo dominado, cuando en realidad se mueve en un contexto muy cómodo: portería a cero y armas suficientes para acceder a un gol en una de las varias jugadas aisladas del juego global de cada partido.
Hubo bastante de esto en el partido de este viernes en Zorrilla. Un Real Valladolid al que le duele el ataque posicional, que sufre para encontrar una combinación ofensiva que supere defensas muy replegadas, frente a un Levante que hace escuela del repliegue.
El once de Juan Ignacio pareció pensado para dar a su equipo todas las armas posibles (que no son demasiadas) para atravesar la muralla. Entre lo poco de que dispone para elegir, optó por sacrificar la mediapunta, dado que el Levante apenas cede espacios entre líneas y que esa posición solo podía ser ocupada por un no especialista, e introducir dos delanteros: Guerra y Osorio. En el resto de posiciones, solo elección de nombre: Rueda y no Marc Valiente, Rossi y no Víctor, Rama y no Omar.

Y el Real Valladolid consiguió dominar los primeros veinticinco minutos de encuentro. Y dominar no en el sentido de que acumular posesión horizontalmente y sin incomodar al Levante. Los blanquivioletas consiguieron superar la primera línea defensiva de los hombres de Joaquín Caparrós y accedieron a zonas de peligro. Lo consiguieron a través de un movimiento en su costado derecho.
Javi Guerra abandonaba constantemente la posición de nueve para adelantar unos metros a Juanfran e incomodar de paso a Diop, generando espacios para Daniel Larsson y en varias ocasiones habilitándole balones de cara para enfrentar a Nikos, sin la ayuda cercana de Juanfran, en lo que era casi un dos para dos reducido: Larsson y Osorio contra Nikos y Navarro. Además, Rukavina ganaba el sitio dejado por el sueco en la banda y consiguió alcanzar zonas de centro cómodo.
Sucedió que todas las jugadas terminaron de la misma forma: centros –casi siempre de Rukavina– defectuosos, a media altura, últimos pases al espacio demasiado cortos facilitando el corte de Navarro y Juanfran o disparos inocentes y fáciles para Keylor Navas. Un escenario en el que se echó de menos a jugadores como Óscar o Ebert.
Y entonces llegó el gol del Levante en una acción, las jugadas a balón parado, que viene siendo quebradero de cabeza del equipo desde la temporada pasada, cuando con Djukic en el banquillo fue tema de conversación durante algunas semanas la fragilidad del Valladolid para defender saques de esquina y faltas laterales.
Si es difícil superar de inicio la barrera defensiva del Levante, si Caparros plantea cada choque dando la máxima importancia a no conceder ocasiones, con el resultado a su favor el reto del rival crece en exigencia. Líneas más juntas si cabe y unos cuantos metros más hacia Keylor Navas. Y con la ansiedad añadida, al Valladolid se le atragantaron los minutos que transcurrieron hasta el descanso, incapaz de repetir los movimientos del primer tramo por culpa de imprecisiones en la salida y en pases sencillos.
Aunque lo mejor de los pucelanos había llegado por la banda derecha en esa primera media hora, en la segunda parte el volumen ofensivo cambió de banda por completo a causa del cambio de roles de los delanteros.
Tras el descanso fue Osorio el que ejecutó los desmarques en apoyo, dejando la ocupación del área a Guerra y permitiendo que fuera Rama el que disfrutara entonces de la posibilidad de encarar a su par sin tanta amenaza de la multitud de ayudas defensivas del Levante. Él fue el autor de las acciones más peligrosas del equipo gracias a su buena capacidad para desbordar, incluido el empate, aunque en muchas ocasiones cuando logró superar su marca la jugada acabó en centros o disparos poco peligrosos.
Abocados al empate tras los cambios

Foto: Real Valladolid
Juan Ignacio trató de alterar lo menos posible la dinámica del equipo en el partido, ya muy dominador e instalado -aunque poco amenazante- en torno al área levantina. Con los cambios buscó un refresco en banda en el caso de la entrada de Omar por un Larsson desaparecido desde que Guerra se posicionó como nueve puro; el carácter más ofensivo de Víctor Pérez en lugar de Rubio e introdujo a Manucho por Osorio esperando que en unos minutos finales de posible asedio el físico del angoleño generaría alboroto entre Navarro y Juanfran. Poco o nada funcionó: Omar fue el de últimamente, Manucho apenas intervino y, con la entrada de Sissoko en el Levante, Rossi se vió desbordado como mediocentro puro (retrasó su posición para dejar a Víctor por delante).
Mucho mejor le funcionó el banquillo a Caparrós. Decidió cambiar a Pedro López e Ivanschitz por El Zhar y Rubén García y los dos nuevos extremos presionaron mucho más alto y consiguieron retener a Rukavina y Peña. Junto con Sissoko en sustitución de un punta el Levante logró evitar que el Valladolid les encerrará al final sin arriesgar demasiados espacios y el partido acabó sin opciones para mover el empate del marcador.














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