Entre Líneas: Equilibrio esperanzador

Publicado el 5 enero 2014 18:00h
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El Real Valladolid encontró el equilibrio perdido gracias a Víctor Pérez y el dominio gracias a Óscar, pero le faltó calidad para que el buen planteamiento de Juan Ignacio valiera el triunfo

 

Víctor Pérez || Foto: Real Valladolid
Víctor Pérez || Foto: Real Valladolid

Como se esperaba, el cruce de necesidades de Real Valladolid y Real Betis Balompié estuvo fuertemente condicionado por la obligación de sumar ante un rival directo. Ya en la previa del partido resultaba bastante esperable encontrarse a dos equipos en busca de un equilibrio entre el temor a la derrota y el ansia por la victoria, entre protegerse y arriesgar, y visto el encuentro y el resultado huelga decir que en el global de los noventa minutos pudo lo primero.

No parece del todo correcto, sin embargo, etiquetar los planteamientos iniciales como temerosos, ya que ambos onces estuvieron copados por jugadores de un carácter eminentemente ofensivo.

Lo que sí pudo apreciarse es cierto efecto de lección aprendida en algunos aspectos que han costado disgustos a ambos. El Real Valladolid ha sufrido considerablemente cuando la ausencia de jugadores del perfil necesario para la mediapunta ha forzado a Juan Ignacio a disponer dos puntas, concediendo a Rossi y Rubio demasiadas tareas, lo que hace imposible que sujeten y construyan cuando los jugadores de banda no ayudan y desemboca en un equipo roto, siempre a mitad de camino para atacar o replegarse. Así que la decisión de, a pesar de la baja de Óscar, aprovechar a Víctor Pérez para utilizar un mediapunta resulta bastante coherente.

Por su parte, la propuesta de Garrido estuvo influida por la derrota ante el Almería en un partido en el que el Betis salió de inicio con un 4-4-2 con extremos en ambas bandas y su rival aprovechó la superioridad en medio contra Lolo Reyes y Matilla.

En Zorrilla, la entrada de Verdú por Juanfran convirtió a los verdiblancos en un equipo con mayor capacidad para asociarse por dentro y sufrir menos situaciones de inferioridad. Se trató igualmente de un 4-4-2, pero Verdú aparecía constantemente en posiciones centradas y se situaba en la banda casi exclusivamente para ayudar a Chica en defensa, e incluso en multitud de ocasiones era Jorge Molina el que caía a la derecha pasando su equipo a un 4-2-3-1.

Inevitablemente, la tónica de la primera parte fue la igualdad entre dos equipos en busca de sacar rédito de las ventajas que les ofrecía su planteamiento, pero lastrados por la falta de calidad individual y la poca libertad que les dejaba la preocupación por no ser golpeados.

El Betis intentaba aprovechar el dos contra dos de Jorge Molina y Rubén Castro ante Valiente y Rueda de forma directa, pero su mayor peligro lo producía la aparición de Verdú a la espalda de Álvaro Rubio. La movilidad del ex del Espanyol y de Jorge Molina inquietó constantemente a la defensa blanquivioleta y fue el origen de una de las ocasiones claras del partido.

El Valladolid dejó atrás los fantasmas defensivos gracias a la inclusión de Víctor Pérez y, aunque no logró generar un gran peligro por falta de acierto, sí que sacó partido del planteamiento ofensivamente. El manchego no fue un mediapunta al uso, ya que en multitud de ataques se desplazaba a la derecha casi como interior para que Larsson se vistiese de delantero centro.

Larsson || Foto: Real Valladolid
Larsson || Foto: Real Valladolid

La posición del sueco y de Víctor fue clave porque dobló los recursos del Pucela, que tuvo uno más –respecto al sistema con dos delanteros puros– para tocar y dominar en medio y al mismo tiempo contaba con dos delanteros en el área cuando llegaba por fuera, como hizo en multitud de ocasiones. No tuvo éxito porque Paulão y Amaya se impusieron siempre, pero la sensación que transmitió esa apuesta fue bastante positiva de cara al futuro.

Por dentro le costó bastante más, fruto de las dificultades de Víctor para tener el balón de cara en zonas adelantadas –no tiene la capacidad para girar de Óscar– , que hacía muy difícil conectar con Guerra de forma limpia a la espalda de los centrales, y por el poco despliegue de Rossi, al que quizá pudo la preocupación defensiva.

 

Juan Ignacio culmina el cambio de guion

El primer cuarto de hora del segundo tiempo transcurrió con el mismo ritmo bajísimo de la primera parte, y empezaba a ser cuestionable cuál de los dos equipos estaba más interesado en que pasasen pocas cosas, en que el choque transcurriese inalterable hasta que un error decidiese, pero los cambios se encargaron de repartir los roles. Primero el de Salva Sevilla sustituyendo a Matilla en lo que pareció un paso adelante del Betis, con un centrocampista más ofensivo que el que salía, pero que supuso el inicio de un Valladolid mejor, con más facilidad para triangular con claridad.

En ese escenario intervino Juan Ignacio, que decidió dar entrada a Óscar y quitar a Omar para construir un rombo con Víctor y Rossi como interiores y el salmantino en la mediapunta. Una elección más atrevida de lo que pueda parecer a priori porque, sí, supone poblar el centro del campo retirando un extremo, pero, realmente, el equipo de después del cambio estaba más habilitado para ser protagonista y dominar que el anterior, y menos para ofrecer ayudas a los laterales.

Un minuto tardó Garrido en retroceder, quitando a Verdú por Nono, perdiendo su principal arma para controlar el partido a través del balón, para protegerse de Óscar y hacer a su equipo más contragolpeador, más dedicado a que sucedan las menos cosas posibles y ganar en una acción aislada aprovechando la velocidad de Juan Carlos y la astucia de Salva Sevilla para lanzar al equipo con velocidad.

A punto estuvo de conseguirlo, pero fue el Real Valladolid el que más reforzado salió de los cambios; dominó ya de forma casi absoluta. Juan Ignacio, de nuevo con muchísima lógica, metió a Manucho por Larsson para sacar partido del flujo más alto de ataques blanquivioleta en todo el encuentro gracias al control de la posesión que le brindaba el rombo y a que la baja presión verdiblanca permitía a Peña y Rukavina llegar en muchas ocasiones prácticamente como extremos, haciendo evidente que los cambios habían generado un equipo mucho más ofensivo.

No hubo tiempo y el Pucela se tuvo que conformar con la mejora de sensaciones del último tramo –gracias en gran parte al acierto de Juan Ignacio para manejar la baja de Óscar primero y sus veinte minutos después– y un equilibrio esperanzador a la espera de la calidad de Ebert y Óscar.

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