Hoy es un día muy triste para los aficionados al Real Valladolid. Mendilibar no era sólo un entrenador, era nuestro entrenador. Aquella persona trabajadora, humilde, que venía de curtirse en las divisiones inferiores del fútbol español y que hablaba apasionadamente de fútbol, fuera de las luces galácticas de muchos personajes que deambulan y se aprovechan de este deporte.
Parece que fue ayer, cuando recordamos el paseo a caballo en Elche con Óscar, el utilero, celebrando el más que posible ascenso. Un ascenso histórico, jugando como los grandes, sabiendo que íbamos a ganar cada partido, que los jugadores mordían cada balón. Esa filosofía que se ha ido apagando.
La afición entendía que tenía que haber un cambio pero por el cariño que tenemos a Mendi, en el estadio no había comentarios, ni petición de cese, simplemente no gustaba cómo estaba el equipo. La situación es complicada y todos han tenido su culpa, el problema que se ha roto la cuerda por el lado más débil.
Viendo el vídeo de la presentación de Mendilibar, allá por el 2006, cuando estábamos hundidos en la segunda, con un club a la deriva, se me caen las lágrimas, viendo que en el 2010, tenemos el récord de abonados, estabilidad social, deportiva e institucional y deportivamente, seguimos sin estar en puestos de descenso. Pero Mendilíbar no vuelve a entrenar al Real Valladolid. Todo eso se ha conseguido en parte gracias al de Zaldibar.
El aviso pasó en la segunda vuelta el año pasado, el equipo no fue capaz de hilar puntos y se fue poco a poco desde la octava posición hasta el borde del descenso. Había que cambiar el equipo y crear un proyecto nuevo. Comandado por Mendilibar, quien tenía fe ciega en sus jugadores, y dirigido desde la parte técnica por Olabe. En verano, el club trabajó pronto para tener a todos los jugadores disponibles y que el mister pudiera trabajar con ellos.
Sin embargo no ha dado los resultados apetecidos y ha empezado la distancia entre diversos jugadores que no entendían la forma de jugar y de entrenar del mister, así como la distancia entre Olabe que veía que había buenos mimbres y Mendilibar que no terminaba de acoplar a sus ideas a los jugadores. El equipo no terminaba de jugar bien y los puntos caían por cuentagotas. No se estaba en puestos de decenso pero tampoco se iba a posiciones más desahogadas.
Quienes conocen bien la casa, ya presumían que o había cambios o la cabeza de Mendilibar estaba siendo cuestionada, como así fue. Había movimientos en la parcela directiva que iban propiciando el alejamiento «profesional» entre Mendilibar, Juan Carlos y Olabe. Suárez, disgustado al hacer un desembolso importante de dinero no las tenía todas consigo.
Desde hace varios meses, empieza a sonar el nombre de Onésimo como futurible para el banquillo de Zorrilla. Mendilibar no termina de renovar, porque ni en el club están seguros ni él tiene todas consigo. Quiere seguir luchando para que los jugadores entiendan su sistema y su filosofía de trabajo.
Los episodios van sucediendo, Mendilibar cada vez tiene menos crédito en Zorrilla, y es vox-populi en el entorno periodístico de la ciudad. Los jugadores están separados entre los nuevos que no entienden cómo los que están mejor no juegan y los que no están en buena forma pero son antiguos, juegan por «decreto-ley».
Los veteranos, los que han estado jugando en segunda y conocen la filosofía del técnico no comulgan con las acciones de algunos de los nuevos. Hay distanciamiento y quien se encarga de hablar en público dando toques es Marcos. Sin resultados obvios.
Mendilibar se preocupa de lo deportivo, llegan las multas y al cuestionado Haris lo pone de titular. Haris, pecó de ingenuo y puso al técnico a los pies de los caballos. Suárez quiere cortar posibles incidentes y no fue sólo porque salieran de fiesta, sino que la fiesta se alargó en exceso, con la imagen dantesca de varios jugadores.
Empatamos en Santander con un mal juego, llega el Barcelona y el plebiscito contra el Almería. Era ganar o la cabeza de Mendilibar.
La semana empieza movida, cuando hay reuniones de la parcela directiva con Irureta y Juande Ramos, mientras Mendilibar intenta dar normalidad a la situación. Mendilibar, tampoco es tonto y ve la situación como cercana. Habla con la gente del club para ver la situación, lo que se palpa en las altas esferas y lo que piensan los aficionados. La suerte estaba echada, había que ganar al Almería o de empatar, con muy buena sensación.
El partido acaba en empate en un partido típico de esta temporada, y el crédito de Mendilíbar se acaba para las altas esferas. No le quieren echar el mismo domingo pero el lunes era la ocasión. Alea iacta est. Mendilibar es cesado y Onésimo, como se barruntaba en los entornos futbolísticos, es nuevo entrenador del Real Valladolid. Un hombre muy cercano de Juan Carlos Rodríguez, amigo y compañero tanto de negocios como a nivel deportivo. Las piezas han ido cuadrando, en una jugada que desde hacía tiempo se estaba viendo venir.
Muchas gracias por todo, Mendi. Y suerte para One. La va a necesitar.













