A día de hoy, el Real Valladolid es equipo de Segunda. Veintitrés puntos en veintisiete jornadas hacen que el equipo blanquivioleta se encuentre en el antepenúltimo puesto de la clasificación a falta de once jornadas para el final de Liga. Las matemáticas hablan de al menos veinte puntos para seguir sí o sí el año que viene entre los más grandes.
¿Estamos hablando de un milagro? ¿Es imposible la remontada? Que pregunten al Espanyol, próximo rival del Real Valladolid en Liga. Y es que nadie puede confirmarlo en otros ámbitos, pero tras lo protagonizado por el equipo de Pocchettino la pasada campaña, los seguidores del fútbol saben que los milagros (¿milagros?) existen.
Hace ayer un año se disputaba la jornada 28 de la pasada Liga. El Real Valladolid campaba a sus anchas por la clasificación con treinta y nueve puntos y se permitía el lujo de perder 4-1 en el Ramón Sánchez Pizjuán ante el Sevilla. Más abajo, mucho más abajo, Osasuna y Espanyol, antepenúltimo contra colista, se enfrentaban en un duelo fraticida por la permanencia en Primera.
En un partido en el que el miedo a perder definió los noventa minutos, Nekounam, de remate de cabeza tras una falta botada por Puñal, desequilibró el marcador a favor de los navarros en el último minuto del descuento. Uno a cero y victoria para Osasuna.
Tres puntos que permitían a los rojillos seguir respirando y una sentencia casi de muerte para el RCD Espanyol, roto, hundido y prácticamente desahuciado. Veintidós puntos tenían los periquitos por aquel entonces, ocho por debajo de la salvación que con treinta puntos marcaba el Real Betis (equipo que finalmente descendería).
Pochettino, entrenador del Espanyol, fue muy tópico al acabar el partido: “Esto no se ha acabado y matemáticamente hay posibilidades. Nadie va a bajar los brazos”. Y desde luego que no los bajaron.
Una semana después un Deportivo de La Coruña en puestos europeos (curioso paralelismo con la situación actual del Valladolid) visitaba el Olímpico Lluis Companys de Montjuic. El rival no era el más apropiado para pensar en nada halagüeño pero los 3 puntos se quedaron en casa: 3-1 para los periquitos. De ahí en adelante, la tarea consistía en ganar todo lo ganable hasta final de temporada. Ahí es nada.
Todo lo ganable no, pero casi todo, fue lo que ganó el Espanyol en las últimas 9 jornadas. Siete victorias y un empate llevaron el milagro hasta Barcelona e hicieron que los blanquiazules se pudieran incluso permitir el lujo de firmar su salvación una jornada antes del final de Liga; algo que no pudo hacer aquel Valladolid de los treinta y puntos, quien, con cuarenta y dos a falta de una jornada para el final, aún tuvo que infartar a toda la ribera del Pisuerga, con el partido del Lopera, para poder dormir un año más entre la élite del fútbol español.
Pero si esto parece poco podemos mirar un pelín más atrás. Pasemos rápidamente por el gol de Corominas ante la Real Sociedad, 1-0, última jornada, últimos minutos del descuento, que salvó al Espanyol de la quema en detrimento del Deportivo Alavés, y vayamos hasta la temporada 2003/2004, temporada que, con casi sin ninguna duda, en Valladolid todo el mundo recuerda.
El Espanyol, más de veinte jornadas seguidas en descenso, llegaba a la jornada treinta y seis del campeonato antepenúltimo con treinta y siete puntos, los mismos que el Real Valladolid. Y entonces, de nuevo ante el Depor en Montjuic, 2-0 para los periquitos y el equipo barcelonés que salía de los puestos que conducen a Segunda.
Un tropiezo en la siguiente jornada hizo que tuviesen que esperar hasta el último asalto para certificar un nuevo milagro. Pero, a costa del Real Valladolid, Tamudo y Lopo, en los minutos finales del partido ante el Real Murcia, colista y descendido varias jornadas antes, certificaron otra “intervención divina” y el Espanyol no se bajó aquel año del tren de los más grandes.
Mañana el Nuevo José Zorrilla recibe a este “equipo de los milagros” en un momento en el que más que nunca el Real Valladolid necesita de uno de ellos. Y de los grandes.
La primera plegaria se ganó en Riazor, ahora es el momento para los pucelanos de seguir luchando por esa también llamada providencia, por esa “suerte” que los mantenga en Primera.
Sea como fuere, Pochettino fue tópico y lo tópico también nos dice que la “suerte” es para quien la busca. Obligación es del Real Valladolid, ahora que la ha encontrado, no dejarla volver a escapar.













