Mucho se ha hablado de temas extradeportivos en estas últimas semanas y del cambio de entrenador de hace apenas unas horas. En cuanto a lo deportivo llevamos tiempo sin hablar sobre ello. La llegada de Javier Clemente, in-extremis, a escasos días del partido más importante del año, viene a paliar en parte la tormenta existente en esta ciudad sobre el Real Valladolid.
Mendilibar se fue, y con él, la larga sombra del heróico entrenador que caló en la afición blanquivioleta. Decisión tomada por el presidente con el visto bueno del director deportivo que no se cansaba de decir que esta plantilla daba para mucho más jugo del que había sacado el vasco. Tras intentarlo con entrenadores de renombre, el club apostó por Onésimo, un entrenador de la casa, joven pero con ambición. El toro era difícil de lidiar pero se atrevió con ello.
Ha estado diez partidos. Diez partidos en los que el equipo empezó titubeante, con una derrota en Valencia, empates con sabor a nada como contra el Zaragoza y Español, victoria frente al Deportivo y un empate con sabor a victoria el cosechado en Pamplona.
El equipo no dió para más, y los problemas extradeportivos irrumpieron como volcán en erupción llevándose tras de sí el nefasto partido frente al colista y la histórica victoria del Villarreal en casa.
Cerrado el ciclo de Onésimo, intuyo que el primero, Suárez fue a la caza de un entrenador con solera. Como me dijo un amigo futbolero hace tiempo «no es lo mismo que te dé gritos Onésimo que un entrenador estilo Clemente».
Viene un entrenador con mano dura, con otras ideas de fútbol, pero sobre todo, con la intención de crear una piña rápida con los jugadores que asuman la responsabilidad. Aquí ya no valen las medias tintas ni perdonar situaciones de jugadores. Ahora sólo vale ganar y sólo vale ganar en la isla mágica, en Tenerife, aquella isla que nos subió a los altares de la primera división.
Ahora es diferente, el Tenerife también se juega sus últimas aspiraciones en la liga de las estrellas. El conjunto chicharrero sabe que no da más de si y tiene que apelar a la épica a su estadio. El Real Valladolid por su parte, es una auténtica incógnita. En la tarde de hoy, presentan a Clemente, querido y odiados por muchos pero que en la actualidad, todos los aficionados nos arrodillamos ante San Clemente para que obre el milagro.
¿Qué debe hacer? Ganar. Sólo se le piden victorias. El gusto por el fútbol, los empates, etc… no valen para nada. Ahora sólo vale ganar, de penalty, en el último minuto o como sea. Clemente es experto de lidiar en estas plazas. Un entrenador con prestigio, aunque venido a menos.
El Real Valladolid depende de sí mismo. El calendario le ha tocado jugar contra equipos de su liga: Tenerife, Málaga y Racing. ¿se imaginan si ganamos estos tres partidos? Es muy complicado pero aún es posible.
Hay quien dice que el ganador del Tenerife – Real Valladolid subirá, y que tanto Racing como Málaga andan muy tocados e irán para abajo. Cualquier pequeña ilusión es un mundo en una afición tan apática como la blanquivioleta en estos momentos. Me niego a pensar que no vamos a disputar los ocho partidos como si fueran finales. Nos falta el arreón final y por ello tenemos que rezar.













