Era difícil convencer de que un jugador que ha estado un año entero sin saltar al césped puede ser un buen refuerzo. Y lo cierto es que ha costado poco ver, en vivo y en directo, cómo Carlos Clerc tiraba a la basura esa idea. Para un Real Valladolid tan joven y herido, la llegada de un futbolista como él ha sido una suerte. Primero porque ha asentado una banda izquierda demasiado compleja desde el inicio de la temporada y, sobre todo, porque ha demostrado que le queda mucho fútbol y que tiene todo el interés del mundo en dárselo a la camiseta blanca y violeta.
A veces pasa que el fútbol se vuelve más humano. Las declaraciones de Clerc en la rueda de prensa posterior a su fichaje fueron sinceras y muy interesantes. Se ve que es un tipo muy cercano al deporte que practica. Un enamorado de la pelota. Un jugador con mimbres contrastados pero que ha visto cómo la mala suerte de las lesiones y la velocidad de este negocio acaba por dinamitar las ilusiones. Clerc, en cambio, no se rendía. Los pensamientos recurrentes, diarios, tal y como él mismo reconoció, son agotadores, pero su convicción pesó más.

Para cuidarse, para creer y para tomar un tren rápidamente en cuanto Orta le llamó para ser parte de los entrenos y probarse en Valladolid. La decisión de Tevenet, en ese momento, y de la dirección deportiva se entiende tras muy poquitos partidos vistos del lateral zurdo. Su profesionalidad está por encima de todo lo que se le ha visto y solo el tema físico deja alguna duda, aunque él se empeñe claramente en demostrar que eso no será un problema.
Calma en la banda izquierda
Tras la lesión de un jugador clave como empezaba a ser, sin duda, Guille Bueno, la recuperación de Iván Garriel, recientemente renovado, no estaba siendo tan rápida como exigía la necesidad de un Real Valladolid que tenía como punto clave mejorar sus prestaciones para intentar salir del pozo en el que empezaban a estar. En esa banda, solo la aparición de Hugo San parecía haber conseguido crear una sensación de «golpe de suerte» para poder mirar al horizonte.
Es por eso que la llegada de Clerc, a prueba con el primer equipo, no fue de primeras un soplo de aire fresco, pues podía ser un movimiento de duda más en un equipo que había perdido su lateral zurdo titular, aún veía recuperarse a su suplente y la llegada a la élite del lateral zurdo del Promesas seguía pareciendo demasiada confianza en el azar de que la apuesta saliera bien. Muchos, sin duda, veíamos a Clerc como un parche insuficiente, que además llegaba con un periodo de actividad notable.
Desempeño mayúsculo contra un puñado de dudas
Quizá por eso es llamativo lo bien que ha estado Clerc en casi todos los minutos jugados en el Pucela desde que empezó a contar como un efectivo más en el equipo blanquivioleta. La necesidad de que funcionara ha sido correspondida con un jugador profesional, enfocado en su rol y con un rendimiento notable a nivel físico sabiendo que un año son muchos partidos sin jugar. La rapidez no es la misma que en su prime, pero sin duda tiene capacidad para hacer crecer al equipo en otros ámbitos del juego.

Quizá por eso vemos sus minutos jugados como una esperanza. Como ese inicio de un camino en el que un jugador con su trayectoria puede ser una de las razones para agarrarse a las opciones de creer en que este Real Valladolid, con Clerc, es mucho mejor que sin él, por lo que aporta dentro y fuera de un césped y con la certeza de que sus capacidades como lateral dan calma a un equipo marcado por las dudas. En ese sentido, dependerá de él que pueda seguir siendo parte de los movimientos acertados de un equipo que necesita salvarse y que quiere mirar al futuro con algo más que vivir con calma.











Es cierto que la inactividad de Carlos Clers hacia pensar que sería un parche pero la realidad es que no,ya demostró en Girona y en Elche que es hueso duro de roer en los marcajes,pero además en ataque es un todoterreno,aquí no se mira la edad porque cumple con creces su misión en el terreno de juego,aquí la mano de Orta se noto y es un acierto.SIEMPRE PUCELA.