Muchos, desde la crítica a una temporada mediocre y tras otra temporada muy dura como la 24/25, no entenderán que se celebre un empate. Es lógico y están en su derecho. Y realmente el Real Valladolid vale mucho más que el punto que acabó consiguiendo el equipo pucelano ante el Sporting de Gijón. Aún así, este Pucela sí parecía necesitar una «victoria» en el campo más allá de la victoria en el marcador. En el césped, hubo lecturas positivas que hacía mucho que no se apreciaban en el horizonte de sucesos de un Real Valladolid cuyo futuro no se vislumbraba con claridad.
De esta forma, aunque muchos puedan tacharme de excesivamente positivo, los brotes verdes con respecto a las sensaciones del equipo ante el conjunto asturiano me parecen suficientes para entender que Fran Escribá ha tocado ya alguna de las teclas clave en lo que debe ser el equipo para salvarse y vivir, como poco, cómodo esta temporada. Y es que, como he dicho otras veces, la pizarra no lo explica todo y en lo de El Molinón hay muchas cuestiones que van más allá del rendimiento.
Aún así, como siempre detrás de cada partido del Real Valladolid, la intención es entender este nuevo empate, esta vez en El Molinón, extraigo las que para mí son las tres claves esenciales para entender lo que fue este partido entre el Real Valladolid de Fran Escribá en su partido de debut como entrenador blanquivioleta y el Sporting de Gijón de un viejo conocido como Borja Jiménez.
Vuelta a la tendencia de un doble pivote mixto
Dentro de las ideas que expuso Escribá en su primera rueda de prensa, existía la intención de tener un doble pivote que llegó a afirmar que le gustaba que tuviera dos roles claros, uno más destructivo, posicional, y otro más tendente a desenvolverse entre líneas. Con eso, el Real Valladolid «libera» a Chuki para acercarlo al área y, sobre todo, da algo más de sentido a la salida de balón.

Con la necesidad de ver al tándem Ponceau-Juric en otros escenarios y con continuidad, parecen los dos mejores perfiles para esa idea, a la espera de Maroto como pieza a integrar dentro de esas rotaciones. Sabiendo esto, cabe destacar que al equipo blanquivioleta le costó encontrar las vías para salir jugando y romper línea de presión del equipo de Borja Jiménez, pero las ocasiones en las que el interior francés tuvo opción de jugar por dentro, entre líneas, potenció opciones para que el Pucela se acercara con peligro a meta rival. Es el camino.
Bloque compacto, por fin
Se rompía demasiado el Real Valladolid y esa era una de las realidades que componían algunas de las derrotas graves que hemos visto en 2026. La mala dinámica no encontraba acomodo en un bloque más bajo (de hecho, solían sufrir más aún) ni en la intención de meter más ayudas (la defensa de cinco, intuida con Ramón como lateral, no servía de nada), por lo que solo quedaba intentar arreglar el desaguisado por medio de una estructura más compacta y fiable, en la que las líneas no se rompieran a la mínima. Los dos errores en defensa que desembocaron en los goles, sin embargo, preocupan por ser muy evitables.

Sin detectar aún dónde nace este cambio de dinámica, sí se vio un Pucela más centrado en no romperse entre las líneas, que permanecían juntas, haciendo del equipo un uno compacto, que viajaba arriba o abajo acompañando cada fase de juego. Una realidad que potencia, sin duda, la intención de que este equipo pueda ser uno en defensa y en ataque, algo que beneficia por la altura defensiva en transición, por la reducción de metros de juego y por facilitar el robo y ataque. Que dure, por favor.
Sin virtuosismo pero con valentía
El Real Valladolid ha demostrado demasiadas veces que no es un equipo precisamente dotado en lo que a talento puro se refiere. Esa realidad en el equipo de Escribá le hace mantener la cabeza alta durante los partidos ante cuestiones más físicas, de esfuerzo o de profundidad más que de esa capacidad para deslumbrar o crear juego. En ese escenario, sin embargo, pueden convivir muchas formas de entender cómo ir interpretando la dinámica de partido y, para mí, sin duda al respecto, el Real Valladolid mostró ante el Sporting una voluntad clara de ir a por más incluso en sus peores momentos.

Sin entrar en el plano físico, que mermó un poco esa posibilidad, el Real Valladolid encontró varias vías en la segunda parte para hacer daño al Sporting, que cuando más apretaba, debía tener cuidado con las internadas de Chuki o Peter, así como por la garra con la que Marcos André entró al campo a tratar de tejer un posible robo que diera oportunidades al equipo blanquivioleta. El empate se dio por bueno por ser visitantes en un estadio complejo como El Molinón ante un rival que mira arriba, pero no en el césped. En el césped el Pucela siempre dio sensación de querer más.










