A menudo -por no decir siempre-, en el mundo del fútbol la palabra ‘proyecto’ se sostiene tanto como los resultados sean sustento. Si los nuevos propietarios del Real Valladolid (todos ello, no solo Gabriel Solares y Enrique Uruñuela) desconocían que fuera así, lo están descubriendo a marchas forzadas en su primer año en Zorrilla, donde aquello que parecía ser sólido se ha tambaleado precisamente por no ganar; de hecho, por lo contrario: por perder demasiado.
En este sentido, los copresidentes probablemente defiendan -y hay que entenderlo- que el proyecto no ha cambiado, debido a que sigue teniendo unas bases fijadas en el medio y largo plazo y la temporada todavía continúa en curso; sin embargo, ha ido, por lo menos, matizando el techo cortoplacista y variando la idea de pelear por ascender a hacerlo por no bajar, en una crisis deportiva sin precedentes en el presente siglo, que preocupa hasta los más optimistas.
Y como quiera que los (duros) acontecimientos han sido los que han sido, si se toma la palabra proyecto como sinónimo de temporada, la llegada de Fran Escribá supone el fichaje de un entrenador que poco o nada tiene que ver con los dos anteriores. Lo cual no es, de por sí, censurable; denota el dinamismo propio del deporte… aunque no por ello deja de ser remarcable que una misma necesidad haya encontrado tres respuestas -esto es, tres entrenadores- tan diferentes entre sí.

Dos maneras distintas de construir
Guillermo Almada hizo aquello que pronunció Sabina: «Antes de que me quieras como se quiere a un gato me largo con cualquiera que se parezca a ti». Él, y nadie más, encarnaba el proyecto deportivo del Real Valladolid en verano; prácticamente podría decirse que ni los jugadores ni la dirección deportiva lo hacían en una medida igual. Aquello hizo que la mesa de Ignite empezara a cojear y, con ello, que se viviera el primer cambio grande a la hora de construir el equipo.
No en vano, el cambio de Almada a Tevenet fue, por muchas cosas, radical. Con el uruguayo al Real Valladolid no solo se le hacía de noche en el área, sino también en el estadio, el modelo de entrenamiento era muy exigente en lo físico y bastante más caótico en lo táctico, donde se fiaba demasiado de la estabilidad propia y veía poco al contrario (o mejor dicho: trabajaba poco con base en lo que hacía). Aunque se fuera cayendo, tuvo cosas buenas, como la presión o como su disruptiva forma de trabajar el balón parado defensivo.
Optar por Tevenet era optar por algo distinto, por algo llamado ‘invento’ ahora que fracasó, aunque consideraban en la planta noble que podría haber sido de otra manera con algo más de tiempo. Era diametralmente opuesto en el trato y tenía un abanico más amplio de opciones para jugar, tan amplio que su pizarra parecía una mesa revuelta, con folios por aquí y por allá, que tapaban aquel que decía «este es el plan». Normalizó situaciones como (a su manera) el valor de la cantera, pero la indeterminación acabó devorándolo.

La tercera vía del Real Valladolid
El tercero de los entrenadores firmados por el Real Valladolid en los últimos siete meses es un Fran Escribá con el que tampoco manifiestan demasiadas semejanzas los anteriores. Si Almada era el rock and roll y la presión alta y Tevenet prometía ser una canción rítmica y de autotune; un sonido más actual, cuyo lenguaje caería mejor en el joven vestuario. El valenciano, en cambio, vendría a representar la ‘fórmula Pablo Alborán’: no engaña ni despista a nadie con sus estridencias y ha conseguido éxitos en su carrera con melodías (métodos) que se podrían denominar simples.
No es el símil una crítica ni un denueste a la trayectoria de Fran Escribá: se trata de un entrenador acostumbrado a obtener resultados en el corto plazo, que al fin y al cabo es lo que el Real Valladolid necesita, que los halla en esa simpleza: en un 1-4-4-2 (si acaso matizado) que es el abc del fútbol. No con esa expresión, pero así lo vino a definir él mismo durante su presentación, y así le ha ido bien, siendo machacón en algo que parece ser repetitivo, pero que funciona.
Esa vuelta a la base, como quien vuelve a la casilla de salida tras caer en la calavera en el Juego de la Oca, puede ser lo que mejor le venga ahora mismo a un plantilla que fue atlética con Almada y ecléctica con Tevenet, y que necesita ser simple con Escribá para demostrar que, efectivamente, es mejor de lo que parece, porque sea presionando alto como al principio, instalado en un bloque indeterminado como recientemente o más atrás para ser más fiable, el proyecto que más preocupa, sin duda, es la salvación del Real Valladolid.











Hola buenos días , por fin UN ENTRENADOR y si no al tiempo. Aúpa Pucéla Siempre ¡¡¡¡¡¡¡¡