El Real Valladolid lleva un tiempo demasiado lejos de lo que parece su ideal esencial. Fue un momento extraño en rueda de prensa posterior al duelo ante el Albacete escuchar que este equipo buscaba tener el balón y afianzar la posesión del mismo. Es algo recurrente hablar de posesión en el fútbol, pero es un dato que no siempre indica grandes cosas. En cambio, se debería hablar de tener el balón para defender, tener el balón para transitar, tener el balón para atacar, tener el balón para amenazar la frontal… Puede parecer el mismo plan, pero no.
El otro día, ante el equipo manchego, el Real Valladolid parecía jugar bajo esa manta que al final siempre te deja los pies fríos. Una manta que te pide que decidas: atacar o defender. En el medio, el abismo. A la espalda de Chuki, un jugador claramente enfocado en el ataque, se abría un océano de césped que no lograba ser recorrido por ningún efectivo blanquivioleta. Un hecho grave si, como afirma Tevenet, quiere un equipo que domine en el centro del campo o que, al menos, como dijo, querer «tener más fluidez en medio e intentar ser dominadores desde la posesión». Algo lejos, actualmente.
El Real Valladolid fue un equipo roto a nivel organizativo. El partido, en global, fue desastroso. Porque, desde la posesión, mirando solo ese dato, el equipo local se hizo con más del 60% del balón, pero no sirvió para nada. Es decir, dominó la posesión, pero no dominó desde ese balón que se logró garantizar en el partido. En la primera parte, incluso, el equipo logró acercarse a un porcentaje mayor, que rondó el 70%.

Y, a pesar de eso, ni un solo lanzamiento entre los tres palos en todo el partido de apenas siete disparos en total. Números más que preocupantes que se unen a otra realidad también llamativa, pues los cinco jugadores del Real Valladolid (casi la mitad del equipo) que más balón tocaron, fueron los efectivos defensivos del equipo: Torres, Ramón, Juric, Alejo y Hugo San. Cinco piezas que, durante el encuentro, suelen estar enfocadas, como condición prioritaria, a evitar el gol rival.
Si bien es cierto que Iván Alejo suele ser un bastión más en ataque, fue un partido especialmente poco llamativo en ese aspecto, por lo que cabe esperar que, dentro de los toques de ese volumen defensivo, unidos a que el siguiente, muy por debajo, fuera Chuki, nos hace entender el solar que hubo entre la defensa y el ataque. Si tus jugadores en la medular solo aglutinan entre 90 y 110 pases del total de 404 que has dado en un partido, algo falla con la idea.
Un Valladolid que quiere dominar con balón
Tras el partido ante el Albacete, Tevenet aseguraba que su idea era haber podido tener algo más de capacidad para dominar con balón, pero lo cierto es que es algo que no acaba de parecer posible. Al menos, con lo demostrado hasta ahora. Hay una discrepancia clara entre los dichos y los hechos, por las piezas utilizadas y por la capacidad que tiene este equipo para construir con balón. Una realidad que puede parecer menor, pero que tiene una clara tendencia a complicar las cosas.
Si bien es cierto que la parte ofensiva parece ser uno de los grandes problemas del equipo, más grave es el hecho de no tener capacidad creativa. Algo que es más que recurrente y se convierte en ese elefante en la habitación del que pocos hablan, pues la realidad es que cuesta mucho defender un fútbol de dominio y posesión desde un mediocampo tan poco tendente a eso. Ni Chuki, ni Meseguer, ni Juric parecen piezas destinadas a contemporizar o hacerse fuertes desde el esférico y la presencia de esa idea parece abocada al fracaso.

Una realidad compleja, pues parece la favorita de un cuerpo técnico que ha borrado a Ponceau con más o menos tino, ha desplazado a Mario Maroto a ratitos imperceptibles (salvo en el partido contra el Racing) y muestra un Real Valladolid claramente enfocado en la transición rápida, sin protagonismo de una línea intermedia que, como es lógico, piensa más en recorrer metros que en tener ese dominio del que hablaba Tevenet.
Una discrepancia clara que cuesta ordenar en la cabeza, sabiendo que la pieza más cercana a ese dominio de juego es un chaval de apenas 22 años que desde que comenzó la temporada ha jugado 107 minutos. Algo falla aquí, porque en este escenario es lógico argumentar que Maroto pueda o deba ser titular o importante, pero en las reservas con esa situación parece existir a la vez una urgencia que hace no querer fallar en lo más mínimo y el riesgo con el chico parece inasumible.
Lo más coherente sería, entonces, no apelar a situaciones de las que nos alejamos de manera clara a través de jugadores que no comprenden ni hacen suya la idea que parece querer Tevenet para este equipo. O empezar a decir que este Valladolid juega y jugará a otra cosa.










