En el Real Valladolid se lo está cuestionando todo. Desde dentro, la sensación es de calma, pero no es algo que apacigüe la moral de una afición acostumbrada ya a muchas buenas palabras y pocos hechos con las que Ronaldo y compañía acostumbraban a proceder. En ese escenario la cosa está, con razón, muy susceptible, en una situación de clara preocupación deportiva y de deriva que tiene al equipo más cerca del hoyo de quienes luchan por el descenso que de quienes hoy parecen tocar ya el cielo del ascenso, incluso meses antes de que se puede abrir el champán.
Porque, no nos engañemos, lo deportivo lo mueve todo. Hace fácil lo difícil y permite que el humor y el sosiego lo inunden todo cada vez que llegan los tres puntos. La realidad de la semana en la que el equipo toma aire se vive con una luminosidad que, en medio de esta niebla, parece radiante. Y lo peor es que la sensación es continua en cuanto a la clara discrepancia entre la intención y lo que se puede ver en el césped.

Mientras que la idea parece estar más ligada a querer dominar, con o sin balón, el equipo sigue luchando contra fantasmas. y no parece tener los actores adecuados para poder seguir ese guion. La falta de goles, además, acrecienta la lógica falta de victorias y la inestabilidad que circula en torno al club. La paciencia, siempre, acaba terminándose. Se llame bajo nivel o mala suerte, la gente ya no está tan ilusionada e impide a quienes miran hacia adelante ver más que una niebla que hoy solo nos hace temblar a nosotros.
Einstein y el camino elegido
Pero todos los caminos tácticos llegan a alguna parte. Quizá no es el esperado, pero es un destino al final. Y, sobre todo, cabe destacar que, más allá del discurso y más allá del método, hay cosas que ni las pizarras son capaces de cambiar. En ese ADN derrotista que hoy parece incorruptible en el Real Valladolid, vive una realidad más densa y compleja que habla de todos los caminos que, de un modo u otro, nos han llevado a este resultado.
Y es a Albert Einstein a quien se le suele atribuir esa vieja frase que me encanta, en la que se dice que si quieres resultados diferentes, has de hacer cosas distintas. No cabe sino esperar una meta parecida con los mismos mimbres y las mismas tendencias y el Real Valladolid parece abocado a tomar siempre las mismas decisiones. Quizá obligado por el entorno, la realidad económica o la masa social dentro de un fútbol cada vez más institucional y menos de la gente, Valladolid se torna a una mofa constante que es envuelta por la ironía y la costumbre.

Caer, a menudo, en los mismos errores, empieza a ser una realidad constante dentro del equipo. Las piedras en el camino son idénticas y parecen reflejar el futuro inmediato de un club que se sigue dejando ir sin una idea que pueda competir con la realidad de la Segunda División y con ese viejo sueño que fue el Pucela de la niñez de muchos o, para otros tantos, el que le contaron y jamás han podido vivir. Esos días, ya vividos, no prometieron nunca volver.
Ese Pucela, el de las historias, sigue ahí, viendo con sonrojo la altura competitiva no solo del equipo, sino de en lo que está convirtiéndose el fútbol en España. Un triste alegato entre lo que funciona y lo que no en un día a día oscuro, en el que muchos ni siquiera pueden enfocar sus frustraciones. El Real Valladolid ya no le puede servir a casi nadie como refugio, sino como causa de las tensiones que un deporte o un entretenimiento debería suponer para cualquiera.
El Real Valladolid sigue tropezando, a veces contra sí mismo. Ante piedras que, sin bien no las pusieron los que ahora toman las decisiones, fueron colocadas con disimulo por otros que antes debieron y pudieron cambiar en algo el horizonte del equipo. Pero la realidad no da tregua y la sensación es que la moneda al aire, lanzada esta temporada con algo más de coherencia, parece querer, de nuevo, salir cruz.











Lo que el equipo refleja en el cesped es una fatiga emocional,es decír un complejo que no se soluciona ni corriendo ni pausandose,aplicar lo de Ceuta sería lo lógico pero es que los partidos son diferentes y el contrario tambien,yo creo que mimbres hay pero ahora hace falta saber quien hace el cesto,lamentarse no sirve,la afición no puede hacer más solo el animar si los jugadores ponen de su parte,primero lo deportivo y el escudo despues viene lo institucional.SIEMPRE PUCELA.
Cierto, si quieres resultados diferentes, tienes que hacer cosas diferentes. Sobre todo, si las que intentas hacer de forma habitual, tampoco salen bien.
Bajo mi punto de vista, llevamos 1 temporada y media sin encontrar un modelo de juego, desde el verano del 2024 coincidiendo con el ultimo ascenso, que fue el momento en el cual se marchó el Sr Ramon Rodriguez “Monchu”, y antes que él, la temporada anterior se había marchado Roque Mesa. Desde entonces no hemos encontrado a nadie que lleve el mando y el control del juego en este equipo. La idea es muy simple, si tienes a un futbolista que tenga la pelota, que la sepa aguantar y mover, te permite atacar de una forma más ordenada, buscar los espacios y movimientos en la fase de ataque para controlar el juego y en otros momentos en los cuales tienes que defender con balón y no estar condicionado por las continuas pérdidas que hacen crecer al equipo contrario y cada vez meten al equipo más atrás. Durante este tiempo se ha intentado poner a futbolistas que no estaban capacitados para hacer esa función y el resultado es que no se ha dado con el jugador adecuado.
Hay un futbolista diferente en el equipo y que los pocos minutos que le van dando, siempre tiene algún chispazo de calidad, algún detalle que hace pensar que podría ser ese referente que buscamos. Supongo que, a estas alturas, ya sabéis que hablo de Mario Maroto, solo hay que ver la segunda parte del partido contra el Racing de Santander para apreciar la diferencia y el cambio de actitud del equipo con su presencia en el campo. Luis Garcia Tevenet menciona muchas veces ese momento, pero desde entonces, no termina de poner a los jugadores que lo propiciaron….
Todos llevamos un entrenador dentro y seguro que cada uno tiene su opinión y alineación ideal, pero creo que estaremos de acuerdo que cada persona y ya no solo hablo de futbolistas, tiene unas virtudes y unos defectos. Pues partiendo de esa base y con los mimbres que tenemos, porque no poner a cada uno en su sitio a hacer lo que mejor sabe y por lo que ha destacado.
Aúpa Pucela!!!