El lado bueno de las cosas

Publicado el 24 mayo 2017 18:00h
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Un mediodía festivo –y más si el clima invita a ocupar las terrazas de los bares– no es el momento más apropiado para ver un partido de fútbol por la televisión. Aun así, el pasado domingo un servidor compatibilizó ambas opciones, y tuvo ocasión de ver la segunda parte del encuentro que disputaron en Anduva el Club Deportivo Mirandés y el Real Valladolid. Eso sí, lo hice a cierta distancia, e inmerso en una conversación grupal que fingía seguir, sin que se notara mucho que mi atención estaba prendida de una pantalla a la que le sobraba brillo y le faltaba el sonido, por lo que no podía escuchar los comentarios del locutor que se encargaba de la retransmisión.

Becerra Balbi Álex Pérez
Becerra, Balbi y Álex Pérez

Tal vez por esa razón desconocía que el equipo burgalés estaba jugando con un futbolista menos. Y viendo ese partido de fútbol mudo, como el cine en blanco y negro de principios del siglo pasado que protagonizaban Charles Chaplin y Buster Keaton, tuve la sensación de que el equipo vallisoletano se dedicaba a contemporizar, y a esperar que fueran consumiéndose los minutos. Y así fue, hasta que el árbitro se puso creativo y se inventó un penalti en el área blanquivioleta. Aun así, con la entrada de Álex López por el lesionado Mata, pensé que los pucelanos tejerían una red todavía más tupida en la zona ancha, y a la contra, con dos estiletes como José y Villar en las bandas, rematarían a un Mirandés abierto y desesperado, que necesitaba tanto la victoria como un autónomo arruinado un préstamo bancario.

Sin embargo, los arietes vallisoletanos se hartaron de fallar ocasiones –Villar demostró que no es el Ronaldo ni el Mbappé de Segunda, marrando a portero batido, y de forma inverosímil, un remate franco– y, por contra, las aproximaciones de los delanteros locales al área visitante en los eternos minutos de descuento, ante una zaga bastante pasiva, me metieron el miedo en el cuerpo.

Era como si presagiara lo que estaba por llegar.

En mi anterior colaboración, le pedía al señor Herrera que ofrendase unos huevos a las monjas clarisas, para ver si así mejoraba la suerte de este equipo. Pero se ve que no me ha hecho mucho caso. Ahora insisto, y le sugiero además que busque un gafe en el vestuario, y que viaje hasta Portillo, que es buena tierra de ajos, y coloque unas cuantas cabezas alrededor de las porterías de Zorrilla para ahuyentar a los malos espíritus. Porque de otra forma nadie se puede explicar el segundo gol del Mirandés, cuando el árbitro se llevaba el silbato a la boca para dar por terminado el encuentro.

Cuando vi cómo el lateral derecho (porque al estar afónica la televisión del bar, supuse que se trataba de Moyano), en lugar de mandar el esférico de un puntapié al condado de Treviño, se lo regalaba a un contrario, blandito y pegado a la raya de cal, intuí que ese balón iba a acabar en la red. Lo que no podía imaginar era el inexplicable despropósito entre Álex Pérez y Becerra, que a esas horas debían tener tanta hambre que se comieron un balón que tenía menos peligro que una cometa volada por un niño, para que acabara golpeando en la chepa de Lucho Balbi y colándose mansamente en la meta morada.

Les aseguro que de haber escrito esta crónica en ese momento, de mi boca hubiera surgido un recital de improperios, viendo como el Pucela se dejaba arrebatar dos puntos muy importantes, y le regalaba uno de lo más infructuoso a un Mirandés que está más condenado que un cerdo el día de su matanza.

Pero el tiempo siempre tiene un efecto nevera, y con los ánimos menos caldeados, solo puedo ver el lado bueno de las cosas. Ese lado positivo que cualquier aficionado hubiera firmado, y por el que ni los más optimistas apostaban tras el set que le endosaron  los benjamines del Sevilla a los pupilos de Herrera hace un mes en el Sánchez Pizjuán. Es más, hace quince días, en mi anterior crónica, ironizaba sobre la posibilidad de que a la hora de escribir la presente el equipo se hubiera colado entre los seis primeros, y algunos de nuestros rivales se hubieran desinflado.

Todo eso ha sucedido. El Valladolid depende de sí mismo, y lleva una clara línea ascendente en los últimos partidos, mientras que, de los de arriba, sólo el Getafe –que nos visita el próximo fin de semana– aguanta el tirón. De hecho, creo firmemente que ganar o empatar en Miranda era lo de menos. Lo importante era puntuar en un campo historicamente adverso, para superar al Huesca en la clasificación; y los partidos que hay que sacar adelante, cueste lo que cueste, son los del Getafe y el Cádiz en un estadio Zorrilla que debe convertirse en un fortín, defendido por una afición que sabrá estar, una vez más, a la altura de las grandes ocasiones.

Ha llegado la hora de la verdad, la hora de los valientes, y de que no sean necesarias las broncas del míster para arengar a la plantilla. Pero, sobre todo, ha llegado la hora de que se acabe de una vez la mala suerte que persigue a este equipo.

Porque ya lo dice el aforismo latino: la fortuna siempre ayuda a los audaces.

José Ignacio García

Escritor y columnista.

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5 comentarios en «El lado bueno de las cosas»

  1. Yo creo que con ganar los partidos de casa el PlayOff está asegurado. Seguro que en la última jornada no se recuerda el despiste de esta última jugada (que le puede pasar a cualquiera, hombre).

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  2. Hola, querido narrador de episodios inverosimiles del pucela, como usted dice me quedo con lo mejor que sin duda son sus letras llenas de pasion, eso si desinchadas por un equipo que sufre por levantar la Cabeza,resuelto en cualquier cantina por un sorpendrente escritor. Gracias.

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  3. Espero no pecar de oportunista, al contestar después del partido del Getafe, » otros 3 puntos para nosotros».
    Si para nosotros, pues ¡ganamos!
    Y digo …
    ganamos o perdemos sintiendo los colores de verdad.
    No digo «GANAMOS o PERDIERON» como el que se otorga el mérito, o el que se retira del fuego para no quemarse.
    Esto viene porque dependemos de nosotros mismos en la cancha y en las disputas de las anónimas barras del bar.

    AUPA PUCELA

    Gracias Jose I.

    AUPA PUCELA

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  4. Buen articulo amigo escritor.

    Ha llegado la hora de la verdad como bien comentas. Final de temporada movidito para los chicos del futbol y para los amantes del baloncesto.

    Ojala tengamos suerte!

    Un abrazo

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