Aparcado -por el momento- el magno proyecto que prometía salvar al Real Valladolid, se han escuchado en la ciudad opiniones de todo tipo sobre la sentencia del TSJCyL. Vicente Sánchez, redactor y cofundador de reporperiodistillas, trae a BLANQUIVIOLETAS las de las partes interesadas -aquellas que no han rechazado ser entrevistadas- en un serial que lleva por rúbrica ‘Arena y cal’.
«Estuvimos solos al presentar la sentencia pero también cuando se ha hecho pública la resolución. El fútbol nadie quiere tocarlo, caramba». Así se lamenta Manuel Saravia, concejal de Izquierda Unida, candidato a la alcaldía y experto en urbanismo, de la falta de apoyo recibida después de que el Tribunal Superior de Justicia haya declarado ilegal el proyecto Valladolid Arena. Que el denunciante se quede huérfano es una situación peculiar, pero si además se convierte en diana de las críticas todo se vuelve un tanto surrealista.
«Espero que no le echen la culpa al Ayuntamiento, sino a quien inició el pleito», decía Javier León de la Riva, alcalde de Valladolid y líder del Partido Popular, tras conocer el resultado del recurso, como si pretendiese convertir a los promotores de una ilegalidad en víctimas.
«Da la impresión de que somos los responsables y es exactamente lo contrario, responsable es el que lo ha planteado», responde Saravia. «Es el mundo al revés». «¿Pero qué quiere? ¿Amenazar de que no permite a nadie recursos cuando plantea algo? Me parece dramático para la convivencia en un Estado de Derecho». Estamos hablando del negocio del fútbol.
A nadie se le escapa la penosa situación económica que viven los clubes de élite en España. Hace unos días Jordi Évole se atrevió a llamarlo ‘La burbuja del fútbol’ en su programa Salvados. Lo cierto es que la competitividad se paga muy cara, y muchos clubes pretenden que la ciudad donde se alojan asuma las consecuencias de su gestión.
Es el panorama que se plantea en Valladolid con la deuda del Real Valladolid Sociedad Anónima Deportiva, que tiene un déficit de aproximadamente cuarenta millones de euros, una cifra basada en especulaciones y cálculos pasados y que no tiene por qué ajustarse a la realidad, teniendo en cuenta que algunas sociedades acuden a la ley concursal con una deuda reconocida bastante inferior a la real.
El proyecto Valladolid Arena se ideó -tal y como es concebido en la actualidad- en 2006, aunque tuvo precedentes similares desde 1998, y su objetivo era sanear la maltrecha economía tanto de la entidad blanquivioleta como del Club Baloncesto Valladolid y del Balonmano Valladolid.
El denominado Arena consistiría en la construcción de un pabellón para doce mil espectadores que albergaría partidos de baloncesto y balonmano además de todo tipo de espectáculos. Para sufragar el coste de la construcción del polideportivo, y también subsanar la deuda de los clubes de la ciudad, se construiría al lado un gran centro comercial.
El problema, ante esta pretensión, es que el suelo donde se quería construir es de Sistema General, por lo tanto no admite usos lucrativos. El Ayuntamiento usaría la varita mágica de la recalificación para convertir un suelo deportivo en parcialmente comercial. «Están creando dinero de la nada a través de multiplicar la edificabilidad», sostiene José Luis Sáinz, experto en urbanismo de la Escuela de Arquitectura de Valladolid.
Los principales grupos municipales, PP y PSOE, lo apoyaron desde un primer momento. «Permitía sanear las cuentas de los clubes deportivos, que es verdad que son empresas privadas, pero también es verdad que tienen un componente social importante», afirma Óscar Puente, candidato a la alcaldía por el PSOE. «Si hubiéramos tenido certeza de que estábamos ante una operación ilegal, desde luego nunca la hubiéramos respaldado».
No obstante, el interés general y la legalidad fueron puestos en duda desde la presentación del proyecto. «Ha habido múltiples alegaciones y advertencias. Cuando se presentó en la Junta de Castilla y León en su momento, los primeros informes fueron negativos…», argumenta Saravia, quien sí estaba convencido de cómo terminaría el proceso judicial. «Había muchísima gente advirtiéndolo desde el primer momento y no puedes argumentar que estuviste poco atento. Me parece una actuación muy inconsciente la que se hizo».
El urbanista Sáinz argumenta sobre el interés general: «Lógicamente no es de interés público. No lo es como pueda serlo la sanidad, la defensa, la educación… Es entretenimiento. Lo que pasa es que muchos ciudadanos se lo pasan muy bien y entonces llega un momento en que sus pasiones futbolísticas van más allá de lo que puede ser lo razonable».
Y es que el Valladolid Arena se ha seguido con muchísimo interés desde la afición del club. El miedo a que el equipo desaparezca, como alguna vez alertó Carlos Suárez, presidente de la entidad, ha cegado el raciocinio de muchos hinchas que han puesto en la picota a todo aquel que ha intentado frenar el Arena. «Van contra el fútbol», argumentan muchos.
«La cuestión no es meterse contra el fútbol, es meterse contra una ilegalidad. Lo que pasa es que, con frecuencia, los gobernantes suelen utilizar lo que ellos creen que es mayoritario para saltarse la ley», afirma Pablo Gerbolés, presidente de la Federación Vecinal.
Ellos alegaron conjuntamente con Izquierda Unida y Ecologistas en Acción en contra del Valladolid Arena y, como curiosidad, algunos de sus miembros son socios del Real Valladolid. También en Izquierda Unida «la concejala es socia desde hace muchos años», confiesa Saravia.
«Nosotros siempre hemos defendido que no se puede ceder espacios que son de todos para usos comerciales. Por esa regla de tres cualquiera podría pedir que se le cediera porque también está en mala situación», sostiene la Federación, pero lo cierto es que no es tenida en cuenta por el partido gobernante.
Gerbolés, resignado, se lamenta. «Alguien que se molesta en sus ratos libres, porque nosotros no vivimos de esto, en mirarse unos expedientes gigantes con unos conceptos rarísimos, que se molesta en hacer unas alegaciones, que lo hemos estudiado y encima somos tan tontos que lo debatimos con las asociaciones… Y que no se permitan ni siquiera atendernos. En muchos casos las alegaciones ni se nos responden. Hay una ceguera en ellos porque creen que vamos a por ellos. Si se aprovecharan de nosotros sacaríamos todos mucho más».
La intención del Partido Popular, a pesar del desencanto originado todos estos años con las forzosas tramitaciones y el asesoramiento jurídico que les ha aconsejado no seguir por la vía de la justicia y la sentencia en contra, no está clara. No se ha ‘cerrado’ una decisión sobre si recurrir o no. «Tomaremos la que tengamos que tomar», dijo León de la Riva hace escasos días.
En cualquier caso, tienen la opción de esperar la modificación del Plan General, pero eso dilataría en el tiempo aun más la operación. «Dudo mucho que en esta legislatura. Para cuando eso esté hecho, si es que al final el Valladolid Arena se incluye ahí, pues todos calvos», dice socarronamente Óscar Puente.
El club tampoco ha sido mucho más explícito. «El Real Valladolid ya ha dicho todo lo que tenía que decir al respecto. Ha habido una sentencia desfavorable y ahora todo está en manos del Ayuntamiento, que será quien decida si recurrirla o no», dice Mario Miguel, jefe de prensa del Real Valladolid al otro lado del teléfono. Los servicios jurídicos de la entidad también han intervenido activamente en la operación, pero ahora la responsabilidad se la ceden a otros.
En lo que todos -PSOE, Izquierda Unida y Federación Vecinal- están de acuerdo es en que el proyecto estaba acabado mucho antes de que el TSJ dictara sentencia. «A partir de 2008 esto es una milonga, pero vamos, como un castillo. Yo siempre digo que si ha servido para algo ha sido para cargarle el muerto a Izquierda Unida pero el muerto ya estaba sobre la mesa y muy frío además», afirma Puente.
Para Saravia, «existe una sospecha muy razonable, de que se trataba de tener aprobado el proyecto para poder contabilizarlo como activo financiero más que de construirlo realmente». «Con los tiempos que corrían no hubiera habido nadie que se hubiera hecho cargo económicamente de eso», apostilla Gerbolés.
Las sospechas cobran más fuerza, si cabe, con la opinión de Saravia sobre el expediente que presentó la primera empresa promotora (JHC): «Eran una especie de cromos diciendo lo bonito que es el mundo, que habría de todo, que vendrían grandes artistas a intervenir aquí… Era una broma. O sea, impresentable».
Todo indica que existe un maridaje entre las instituciones públicas y los clubs deportivos en la ciudad de Valladolid. Además, perfectamente escoltados por la prensa local, quienes «en buena parte viven también de la actividad deportiva de élite. Por lo tanto, ellos ya se encargan de que estas cosas tengan buena prensa, de una manera o de otra», en palabras de Saravia.
Muchas de estas personas, como puede verse en el entorno del Real Valladolid, tiende a esconderse detrás del fútbol. Personas a la que «no les interesa el fútbol para nada. Ellos no tienen ese vientre plano, esa tableta de chocolate que tiene un atleta que está todos los días entrenando ocho y nueve horas. Por el contrario, son esos tipos barrigudos que no tienen en modo alguno interés en el deporte, sino que realmente tienen interés en sacarle dinero a un determinado negocio. Ése es el problema», argumenta Sainz.
Si unimos todo esto a la mala gestión urbanística, el Valladolid Arena se convierte en una «chapuza de principio a fin», según Gerbolés. Por otra parte, es la tónica general del Ayuntamiento.
Saravia, con sorna, así lo afirma: «Esta ciudad es Record Guiness de irregularidades urbanísticas”. Y Sáenz apunta en la misma dirección: “En la actualidad, y desde hace ya casi una década, lo que se ha visto es que el urbanismo es dinero, que se puede sacar muchísimo, y se ha estado trabajando de una manera completamente irresponsable, irreflexiva».
Sainz está seguro de ello. El Valladolid Arena «es lo que se entiende popularmente como un pelotazo». Para él no cabe llamarlo de otra manera. En su momento contó con el beneplácito de gran parte de la ciudad pero la sentencia ha supuesto un punto de inflexión. Es ilegal. Aunque la ley ofrece resquicios. «Y si un político quiere hacer una cosa, es muy difícil que la ley se lo impida. Realmente el pueblo le está dando las manos libres para que lo haga», recalca el urbanista.
En este caso, habrá que esperar para ver si el Ayuntamiento se deja encajar un gol por los accionistas del Real Valladolid y la ciudad corea la victoria o saca los pañuelos blancos.














Muy buen reportaje.
Muy buen análisis. Y gran entrevista a Jose Luis Sainz. Espero que así muchos se den cuenta de la realidad del Valladolid Arena y se quiten -nos quitemos- la bufanda de hincha de los ojos.
Estoy muy de acuerdo, y además soy votante de IU, pero… ¿por qué IU no ha seguido los mismo pasos en otras ciudades en las que sí ha permitido los futbol-pelotazos?. Al final, que no cuente nadie milongas de legalidad, todo se reduce al número de votos.